(Abel A. Borda)
El
silencio es una oportunidad
para
conectarse con lo profundo
de
uno mismo y armonizar nuestra
relación con
el mundo exterior
y la energía cósmica.
Pero
no es natural, la naturaleza
está
cargada de sonidos y el paisaje
social,
sobre todo en los centros
urbanos,
es una emisión continua
con
capas sonoras superpuestas.
Poco
de todo eso se ajusta
a
lo que quisiéramos oír,
y
el sonido no deseado es ruido.
El
silencio no es natural,
hay
que hacerlo. Pero es vano
todo
intento, sin la solidaridad
del
prójimo.
De
poco sirve mi voluntad
aplicada
a obtener silencio,
su
el vecino tiene otros planes.
No
se puede esperar mucho
de
ningún prójimo, más allá
de
su vecindad ocasional:
La
solidaridad no es un valor compartido
y
es difícil entenderse con el prójimo,
mucho
más con el plural.
Tal
vez, si todos hiciéramos silencio,
un
silencio consensuado y controlado,
nos
entenderíamos mejor.
Al
silencio lo hacemos entre todos,
de
lo contrario es mejor no hacer nada.