(Cósimo Stancatto)
De un poema
salen otros dos
y un tercero en discordia
(la primera parte es copia)
Todos tenemos algo de otro, pero
para robar hay que tener memoria.
Robar es un recurso lícito
en la función poética
para ser original, una función vital
sólo entre poetas vivos.
Los muertos no roban,
aunque pueden ser robados
mientras sean materia disponible.
Una cosa es robar
y otra profanar. Tampoco es
lo mismo copiar o repetir:
El que roba a otro ladrón
tiene cien años de perdón.
Hay poetas que no perdonan.
No es mi caso, no me parece
poético. Yo, sin ser poeta,
los perdono a todos.
Hay que ponerse en el lugar del otro,
tomar lo necesario y hacerlo propio:
El universo de la propiedad es pródigo
en oportunidades.
También es atendible lo de aquellos
que roban en defensa propia,
para poder sostener la actividad.
Distinto es el caso de quienes se roban
a sí mismos, cono yo: Tomo una hipálage
del pasado, u otro recurso ya probado:
una homofonia, una voz polisémica,
y los repito sin vergüenza.
Vergüenza es robar y pedir perdón.
Yo no pido nada, si tuviera que pedir
pediría peras (creo que ésto ya lo tengo
escrito)