(Serafín Cuesta)
El fin no justifica los medios,
pero con los medios apropiados
todo fin puede ser justificado.
Los fines se persiguen, son y están
para ser perseguidos, sean nobles o
dudosos, justos o no tanto.
Todos perseguimos alguno,
no importa cuan lejano, aunque
no haya certeza de alcanzarlo.
Perseguir es una forma de buscar
con cierta continuidad: un ejercicio
de la voluntad, que busca justificarse
produciendo sentidos, para emitir
continuidad.
El sentido, como medio o fin, es todo
cuanto podemos buscar o perseguir.
Perseguir es más importante que alcanzar,
porque el lo que provee sentido a nuestras
aspiraciones de continuidad.
Perseguir
es más saludable que no hacerlo:
Quien deja de perseguir, sólo puede
esperar la muerte:
Es mejor perseguir que ser perseguido.
Hay suficiente volumen de fines
disponibles para perseguir.
Sean compartidos, o no, nuestros fines
merecen perseguirse: Son nuestros,
esa sola condición inapropiable
los justifica.
Sean nobles o dudosos, justos o injustos,
con los medios apropiados pueden ser
justificados.
Todos tenemos algo que perseguir,
aunque de ello reulte una fuente de conflicto:
Eso forma parte de lo inevitable.
Quienes persiguen la justicia
siempre fueron perseguidos:
Como fin, es bastante dudoso,
pero hay muchas otras opciones.