(Onésimo Evans)
La
tumba del soldado desconocido
tiene
una custodia especial.
Es
natural salvaguardar la honra
y
el respeto a los valores
representados
en esa imagen.
En
todas partes hay estatuas, tumbas,
monumentos
al soldado desconocido,
para
que propios y extraños puedan
llevarle
su tributo y homenajearlo
como
merece.
Todos
los que ofrendaron su vida
en combate, merecen que se honre
su
memoria.
No
importa en qué combate, no importa
su
bandera, la causa que defendían, ni
su
nombre: Guerras hubo siempre,
y
víctimas también.
Los
soldados caídos son incontables,
de
un lado y del otro. Conocerlos a todos
sería
imposible, hay que reconocer.
La
imagen del soldado desconocido
nos
representa a todos, nadie elige ese
destino
y todos pudimos haber terminado
así.
Ese
soldado sin identidad, está representando
a
esa mayoría de soldados caídos en acción,
cuyos
cuerpos nadie reconoció como propios
y
no pudieron recibir el reconocimiento que
merecían.
El merecimiento,
responde tanto a su condición
de
soldado, como a la de víctima involuntaria:
La
mayoría de las víctimas son soldados, y
fueron
a la guerra por decisión ajena, a menudo
contra
su voluntad:
Es
natural que casi todos nos identifiquemos
con
ellos, puesto que todos somos víctimas
de
decisiones ajenas, en alguna medida,
y
la mayoría de las víctimas somos
desconocidos.
Ni
siquiera nos reconocemos entre nosotros,
aunque sospechamos de la victimización.