(Elpidio Lamela)
Dr.,
yo soy poeta, como ya
le
confesé, pero a veces, siento
que
no tengo nada que decir,
y
quisiera ser honesto.
-Lo
entiendo, los poetas, al igual
que
nosotros, trabajamos con la
palabra,
y es normal que, a veces
no
tengamos nada que decir.
No
sé ¿A usted qué le parece?
-Sí,
pero usted puede hacerlo, en cambio
un
poeta tiene que producir algo material
que
justifique su condición.
-Sí,
en nuestra profesión no es necesario
hablar
mucho, priorizamos la escucha
y
sólo decimos lo justo y necesario,
o
ni eso: ¿A usted qué le parece?
-Está
bien, ustedes tienen ese recurso,
pero
los poetas sólo se escuchan a sí
mismos,
y ante el silencio no podemos
callar,
seamos honestos.
-En
ese caso, tendría que plantearse
qué
es lo que más le importa:
si ser poeta o
ser honesto.
¿A usted qué le parece?
-No,
yo quiero ser un poeta honesto .
Quiero
ser honesto conmigo, de modo
que
al leerme sientan que leen a un poeta
honesto,
aunque no sea más que eso.
-A
ver, tal vez tendría que revisar un poco
esos
conceptos. En realidad, sólo hay dos
clases
de sujeto capaces de armar un buen
discurso
sin tener nada que decir: Políticos
y
poetas, unos para conquistar electores,
otros
para conseguir lectores. ¿Cuál cree
que
es más honesto?
-No
sé, Dr., yo soy poeta, no puedo emitir
un
juicio justo.