(Emeterio Askmn)
Según datos provenientes
de fuentes confiables,
de organismos nativos e
internacionales, avalados por
observadores independientes,
se registra una pronunciada
declinación en los sentimientos
patrios, tanto como en el apego
al pago.
Años de políticas erráticas,
sostenidas en el abuso de símbolos
identitarios y palabras saturadas de
ideología como patria, nacional y
popular, soberanía, etc. por parte
de gobiernos legítimos, tanto como
ilegítimos, hicieron que símbolos,
palabras y signos patrios, perdieran
la legitimidad de su sentido original.
No conocemos ningún sentido original,
pero hablar del amor a la patria, suena
hoy tan engañoso como obsoleto.
Los jóvenes ya no aspiran a morir
por la patria, ni conciben es idea,
ni se preguntan qué significa esa
palabra.
Los valores patrios son abstracciones,
como otros valores conocidos. Para
que evolucionen en sentimiento, hace
falta un sentido que lo justifique, una
utilidad.
El amor a la patria es aún más dudoso
que el amor a secas, pero se lo puede
desconocer: Es un sentimiento menos
natural pero más útil que otros:
Es lo único que puede unir a una clase
dominante con las otras, bajo los mismos
símbolos.
Cuando se pierde el amor
hay que aferrarse al apego.