(Alcides Ovando)
Ahora
no ahorro sino oro.
El
oro es lo único seguro
entre
los bienes de valor
perdurable.
El
oro brilla, y el valor
de
su brillo no declina
como
esas lenguas que brillaron
y
murieron, para dar lugar
a
otras, no menos dudosas.
Los
hombres pasan, con o sin
brillo
entre las lenguas muertas
y
los tiempos compuestos, hasta
completar
su propia descomposición.
Oro
por los buscadores de oro
caídos
en servicio, por acción
u
omisión.
Y
por aquellos orfebres abnegados
que
consagraron sus vidas a agregar
valor
al oro.
Oro
por los que supieron horadar
montañas
buscando sus pepitas
cuando
no había maquinas excavadoras:
Cavaron
y cavaron para dejarnos
su
legado: el oro atesorado.
Cavaron
por amor, cavaron y cayeron
por
amor al oro y su valor de cambio,
ese
valor que cambiaría el mundo
para
siempre, como el amor, un valor
no
tan perdurable como sería deseable.
Oremos
por ellos, no ahorremos oraciones
de
reconocimiento y gratitud por el oro
que
heredamos, o hubiéramos deseado
heredar.
Aquellos
pioneros merecen algo más
que
una oración, buscaban la proporción
áurea
y averiguaron que no todo lo que
brilla
es oro y no todos poseemos
el
mismo valor.
¿Qué
seríamos sin nuestras reservas
de
oro acumuladas en bóvedas que
nunca
veremos?
La
riqueza no se crea, está disponible
en
la Naturaleza: Sólo hay que extraerla
tal
como nos enseñaron aquellos buscadores.
Ellos
forjaron nuestros sueños de grandeza
dando
lugar a este mundo pleno de aventuras
y
oportunidades, poniéndolo en valor.
El
verdadero valor, es pura agregación-