(Encarnación Segura)
La
carne no es todo en esta vida,
pero
de las otras no sabemos nada.
Tampoco
sabemos demasiado
de
la carne, más allá de nuestra
condición
temporal de suscriptores,
adherentes,
disidentes o detractores.
La
carne no es sólo un recurso
natural
para producir más carne
y
acceder a sus proteínas.
Todos
dependemos, hasta los veganos
más
puros, de funciones que la carne
puede
realizar con éxito.
¿Podemos,
acaso, imaginar un mundo
sin
carne? ¿Con quién comerciaríamos?
¿Qué
clase de vínculos podrían sobrevivir
entre
nosotros en un mundo descarnado?
¿Cuál
de todos los valores humanos
que
nos unen y tanto nos costara defender
seguiría
en pie?
¿Cómo
serían nuestras relaciones
de
producción, de propiedad, cómo
sería
el amor, si algo quedara de él?
¿Habría
alguna oportunidad para
un
poema de amor como éste?
¿Qué
podríamos compartir entre nosotros
más
allá de esa falta excluyente?
¿Cómo
nos organizaríamos como sociedad
de
individuos altamente organizados?
¿Es
acaso posible una organización sin carne?
¿Cuáles
serían sus órganos competentes?
¿Y
el poder?
¿Quién
lo encarnaría, un vegano?
No
olvidemos nuestra Historia:
Hace
menos de un siglo, Alemania convirtió
al
mundo civilizado en un tendal, conducida
por
un líder vegano.