(Manuel Santos Lupanares)
Hay cosas que sólo sirven
para repetir, como poemas,
ritmos, estribillos.
Si no tuviéramos memoria
no habría poemas, ni palabras:
Sólo ritmo, un ritmo desocupado
sin más razón que la obediencia.
El ritmo puede incorporarse
y sostenerse sin conciencia.
A ella la necesitamos para cosas
más útiles, como establecer límites,
mantener el ritmo productivo y
aprovechar la vida útil.
El ritmo productivo es una conquista
humana y es ajeno a la naturaleza:
Ella tiene el suyo, que resiste nuestras
aventuras rítmicas, biológicas
e históricas y las incorpora a su pasivo,
mientras sigue repitiendo sus secuencias.
Toda alteración tiene consecuencias,
como toda producción tiene un costo:
Saberlo, no significa que haya nada
que alterar en el ritmo productivo.
Todas nuestras relaciones tributan
a la producción y el consumo,
con un ritmo que siempre funcionó.
El ritmo de la naturaleza es inclusivo,
contiene todos nuestros excesos rítmicos
teóricos y prácticos, con una indiferencia
sabia, propia de nuestros mejores dioses.
Somos un animal anómalo, pero el único
que reconoce dioses y produce riqueza.