sábado, 26 de septiembre de 2026

Salvemos nuestros nichos

 

 

(Serafín Cuesta)

 

Obituarios apócrifos personalizados,

rezaba un aviso publicitario,

aproveche la promoción

por tiempo limitado. 


Cada uno reza como puede

y a quien crea necesario..


Hay libertad de cultos

y todo el mundo busca salvarse.

Hay que encontrar un nicho

y explotarlo.


Hubo un poeta norteamericano

que se hizo conocido con un libro

de poemas obituarios.


No sé si eran apócrifos, pro en verdad

¿A quién puede importarle eso?


Nadie busca verdades en poemas,

lo único que importa de un poema

es si el bueno o malo. Si es bueno,

entonces estamos dispuestos a creerle

todo: Es justo, se lo ganó.


Todo el mundo conoce los poemas

de Spoon River. Yo, cada tanto los

vuelvo a leer, y me hace bien:


Es como una cucharada de fe pura

que alimenta el deseo de leer

y escribir poemas, aunque el mundo

estalle en pedazos o colaplse por

agotamiento de recursos naturales

y poemas verdaderos.


La realidad es otra cosa: El mundo

no es un lugar seguro para casi nadie,

y tiende a ser peor, aunque recemos

con mayor o menor intensidad.


Cada uno busca salvarse como pueda.

Hay que encontrar el nicho y explotarlo.


Sabemos que ningún poema puede salvar

el mundo, pero podemos agregar algunos

antes de que el mundo evolucione en un

nicho definitivo y acabe con la igualdad

de oportunidades .

 

Solos y solas

 

 

(Serafín Cuesta)

 

Nadie se salva solo,

ni el humilde bacilo patrio

que se solaza en nuestras tripas.


Nadie se salva solo,

ni el parásito primordial

del que supimos descender.


Uno no le debe nada a nadie,

cantaba el joven Moris, uno

de los pioneros del rock nacional

cuando era contracultural, hace

50 o 60 años.


Eran tiempos de cambios,

el espíritu rebelde florecía en esas

generaciones de jóvenes deseosos

de cambiar el mundo.


Después todo cambió, hubo un proceso

de reorganización nacional, la deuda

privada se volvió pública y empezó

a crecer, mientras aprendíamos a procesar

el cambio:


Todos somos deudores, tal vez siempre

lo fuimos y no lo percibíamos, pensamos.


Años más tarde, se naturalizó con el arribo

de nuevas fuerzas políticas identificadas

con el cambio, con la palabra cambio:

Compromiso por el cambio, Juntos por el

cambio, la fuerza del cambio.


¿Un cambio de valores?


El sentido de la palabra cambio es amplio,

como el de la palabra valor, y nos cuesta

procesarlo. Tenemos dudas sobre el valor

de la palabra.


Por suerte, están los poetas, que se empecinan

en sostener la defensa de su valor, para que 

podamos seguir honrando  nuestras deudas 

que no paran de crecer.


Nos hacen saber que dependemos del crecimiento

de la economía, que depende de la inversión

externa y que eso está más allá de todo, y no hace

falta entenderlo para aceptarlo.


Podríamos estar peor, pero al menos sabemos

que dependemos de la inversión externa.


Nadie se salva solo: Todos necesitamos cómplices.

Es más fácil ser cómplice que no serlo, y quedarse

solo.

 

viernes, 25 de septiembre de 2026

Acordes

 

 

(Serafín Cuesta)

 

Todo somos iguales

ante un acorde perfecto,

esa tríada.


No se necesita un oído absoluto,

ni conocer de acordes,

ni siquiera saber música para percibir

la perfección.


Cuando el acorde crece, y suma

otros sonidos, agrega matices, tensiones,

se enriquece pero pierde la perfección.


Nosotros nunca la perdemos

porque nadie es perfecto cuando nace,

ni cuando muere. En eso, somos todos

iguales, sólo en eso.


Se podría decir que nos une

la imperfección, pero es dudoso:

Todos tenemos un lado obscuro

y preferimos no compartirlo.


No es mucho lo que podemos compartir.


Yo prefiero los acordes imperfectos,

esos que tienen nombres difíciles

y son pura tensión, a resolver.


Así como los poemas imperfectos,

que no se sabe por qué existen,

para qué sirven, ni qué los justifica.


Mis gustos son dudosos, como todos.

No aspiro a la perfección, y nunca

tuve oído absoluto, por lo que sé.


Las dudas son de nosotros,

las certezas son ajenas,

escribió un poeta dudoso.


Ésto tampoco es un poema.



 

jueves, 24 de septiembre de 2026

Círculos conncéntricos

 

 

(Cipriano W. Cifuentes) 

 

El hombre no sabe estar solo,

como otras criaturas.


Cuando comprendió que estaba solo,

habiendo podido separarse de los otros

animales, comenzó a juntarse:


Pequeños grupos, que solían enfrentarse

entre sí por distintos motivos.


Del conflicto, surgía uno que se imponía

y ampliaba su dominio.


El hombre comprendió, que así como había

podido someter a otros animales, también

podía conquistar a otros hombres y armar

grupos más grandes y temibles.


Hubo que luchar para hacerse respetar.

Se fue agrupando en tribus, aldeas,

asentamientos y comunidades que dieron

lugar a reinos, imperios, ciudades, para

acabar en estados.


Estas unidades autónomas, sólo podían

sobrevivir si estaban bien armadas: Era

necesario organizarse y destinar una buena

parte de su producto bruto a abastecer la

defensa: Cualquier otro estado constituía

un enemigo potencial.


Se hizo necesario sostener ejércitos regulares

bien provistos para proveer a la defensa

del estado y sus contribuyentes, y acaso

a un eventual ataque.


El desarrollo de estas organizaciones

hizo que el hombre incorporara el concepto

de autoridad, esencial para sostener el orden:

El valor de la subordinación, está por encima

de todo y es lo que permite que organizaciones

complejas funcionen, con sus distintos grados

y niveles de responsabilidad.


II

¡Alrededor mio carrera mar!

Ordena el cabo primero al soldado.

Éste obedece a su superior y corre

en pequeños círculos alrededor suyo.


¡Atención! Ordena la voz de mando.

El soldado se detiene, se cuadra y grita

¡Atención!


¡Alrededor mio carrera mar! ¡A tierra!

El soldado obedece, se tira al piso , vuelve

a correr en círculos mientras el superior

camina lentamente y repite la secuencia

de órdenes, tantas veces como lo considere

necesario.


Estos ejercicios forman parte de la instrucción

militar y sirven para comprobar en la práctica

que el ejercicio de la autoridad funciona, y que

el subordinado incorporó en forma correcta

el valor de los conceptos subordinación y valor.


El hombre no sabe estar solo, tal vez no pueda,

aunque tenga que correr como un idiota,

alrededor de otro en círculos concéntricos.

 

El servicio militar obligatorio es una práctica

aún vigente en algunos estados.  En el nuestro

no, pero aprendimos a obedecer cualquier cosa

y seguimos dando vueltas mansamente en torno

a personajes cada vez más dudosos. 

 

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Privaciones

 

 

(Prudencio Húsares)

 

Hay gente que no tiene vida privada,

se quejan.


Otros, en cambio, es la única que tienen

y no se quejan.


Acaso porque saben que es inútil, no sé,

hay cosas que no trascienden. Tal vez, sea

mejor, no lo sabemos.


Todos tenemos derecho a quejarnos,

no mucho más que eso. Motivos nunca

faltan.


Pero tampoco conviene exponerse mucho,

no está bien visto quejarse demasiado

y casi nunca sirve para nada,

si sólo nos quejamos y nos quedamos

en la queja.


Yo nunca tuve vida pública y no lo siento

como una privación. No la extraño, ni me

quejo.

 

domingo, 20 de septiembre de 2026

Robo en defensa propia

 

 

(Cósimo Stancatto)

 

 

De un poema

salen otros dos

y un tercero en discordia

(la primera parte es copia)


Todos tenemos algo de otro, pero

para robar hay que tener memoria.


Robar es un recurso lícito

en la función poética

para ser original, una función vital


sólo entre poetas vivos.

Los muertos no roban,

aunque pueden ser robados

mientras sean materia disponible.


Una cosa es robar

y otra profanar. Tampoco es

lo mismo copiar o repetir:


El que roba a otro ladrón

tiene cien años de perdón.


Hay poetas que no perdonan.

No es mi caso, no me parece

poético. Yo, sin ser poeta,

los perdono a todos.


Hay que ponerse en el lugar del otro,

tomar lo necesario y hacerlo propio:

Robar es fácil, quien lo probó lo sabe.

 

El universo de la propiedad es pródigo

en oportunidades. 

 

También es atendible lo de aquellos

que roban en defensa propia,

para poder sostener la actividad.


Distinto es el caso de quienes se roban

a sí mismos, como yo: Tomo una hipálage

del pasado, u otro recurso ya probado:

una homofonia, una voz polisémica,

y los repito sin vergüenza.


Vergüenza es robar y pedir perdón.

Yo no pido nada, si tuviera que pedir

pediría peras (creo que ésto ya lo tengo

escrito)



 

Recambio

 

 

(Serafín Cuesta)

 

Los códigos vencidos

apuran la emisión continua:

La continuidad es útil 

a la definición rítmica. 


barras de barro, mensajes

cada vez más breves

disputando la utilidad residual

para satisfacer la demanda. 


Si hacemos números

podríamos quedar afuera

y volver a la intemperie

que ya no es la misma. 


Vértices sobran, pero no son

como los originales.


Nada es igual como para confiar

bajo estos códigos vencidos.


Nada es igual, ni el azul

de nuestras várices añosas.


Nada es igual, ni la voluntad

discreta de los cadáveres

fuera de control, ni nuestros

cuerpos cavernosos. 

 

La publicidad de los servicios

funerarios es cada vez más agresiva,

una expresión de la sana competencia. 

 

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