martes, 13 de octubre de 2026

Desparasitación

 

(Amílcar Ámbanos)

 

Desparasita tu conciencia

antes que sea tarde.


Requisa sus orificios internos

y grietas intersticiales, para

disipar las dudas, aunque no

sospeches nada.


Toda conciencia en desarrollo

está expuesta a los efectos

de invasiones indeseadas.


Parasitar es más sencillo

que desparasitar, quien lo probó

lo sabe (esta cita no me pertenece)


Una buena parte de la flora

que prospera en la intimidad

de la conciencia, vino de afuera.


No busque especies autóctonas

en el paisaje de tu contradicción

interna.


Puede que haya más, ve por

tu mejor linterna, escruta tu escroto

y corrige lo no escrito antes que sea

tarde. 


Con la propia verba inflamada 

por acción u omisión de estímulos 

dudosos.


Usa tu lengua como antídoto,

en un sentido y otro, no importa

cuan tuya se perciba.


Déjala alzarse como si heicera

falta, desplaza los excesos naturales

cuyas funciones desconoces (No es

seguro que sea útil conocerlas)


Reconoce la palabra que sobraba

y los agentes contaminantes que aún

conniven con tus hábitos.


Usa tu lengua como antídoto nativo.

Desparasita tu conciencia

antes que sea tarde y no haya

en ella nada tuyo:


Defiende tu propiedad, observa

cuánto es lo que no se reproduce.

Usa tu lengua nativa como antídoto.

Lame los estropicios.


Verifica que tu antídoto

no haya sido contaminado,

 

lunes, 12 de octubre de 2026

El fantasma de la desocupación

 

(Cósimo Stancatto)

 

La desocupación avanza,

crece a un ritmo sostenido

impidiendo que la economía

crezca a los valores deseados.


Es una realidad, hay que adaptarse.


Nadie desea desocuparse

del todo definitivamente.


Pero se trata de un flagelo endémico

que heredamos de los primates

ancestrales, de quienes seguimos

descendiendo, mal que nos pese:


Criaturas ociosoas y mal entretenidas,

reacias al sacrificio evolutivo. Hordas

salvajes sin religión ni fe.


¿A quién iban a sacrificar a quién?

¿Para qué, si no esperaban nada

ni tenían otra aspiración?


No conocían la vocación de servicio

ni reconocían líderazgos positivos.

Eran incapaces de producir sus propios

líderes y terminaron siendo superados,

divididos y dominados.


Todavía portamos esa carga genética

que se refleja en nuestra propensión

al vicio.


Sólo nosotros necesitamos ganarnos 

la vida y desarrollamos la adicción

al trabajo.

 

sábado, 10 de octubre de 2026

No trepidemos

 

 

(Amílcar Ámbanos)

 

Yo no trepido,

no te pido que compartas,

no trepides en no hacerlo,

 

no te pido que trepides

como yo.


Cada uno trepida a su modo,

aunque no sea original.


No te pido que trepides:

Es difícil pedir y trepidar

al mismo tiempo, si bien


el tiempo nunca es el mismo,

sólo trepidamos en el tiempo:

Yo no trepidaría. 


No te pido que compartas,

cada uno tiene sus tiempos

y si algo merece todo nuestro

respeto es la propiedad del otro.


Cada uno es amo de su silencio

y esclavo de sus palabras (ésto

no me pertenece pero lo vuelvo

a compartir sin trepidar)


Si tuviera que trepidar

no vacilaría en hacerlo en silencio.

Es más fácil compartir el silencio

que lo inverso o cualquier otra cosa.


No suelo compartir todos los silencios,

soy más bien reservado en eso. No te

pido que compartas, tampoco.


En trepidar y pedir se pierde un tiempo

que no siempre se recupera para poder

invertirlo en otro sentido, o lo inverso.


No te pido que compartas estos versos,

hay otros pasatiempos posibles, incluso

mejores, así como hay poetas mayores:

Eso lo aprendí de viejo, diría sin trepidar. 


Yo no trepidaría, hay silencios

que no se negocian, otros sí.

Pensalo, tomate tu tiempo.

 

jueves, 8 de octubre de 2026

Promiscuidades explícitas

 

 

(Pandora Williams)

 

En la promiscuidad de la noche

todos los gatos son pardos.


Tal vez, ni siquiera sean gatos,

pero las imágenes se empardan

a los ojos del observador trasnochado.


Salvo que sea una de esas aves

de hábitos nocturnos, que ven más

de noche que de día.


Durante el día no las vemos

porque están descansando. De noche

tampoco, o bien las confundimos con

uno de esos gatos.


Ellos no se confunden, son buenos

observadores de la noche y la falta

de luz natural no los asusta:


Están naturalmente adaptados

a la oscuridad, son nictálopes


(Palabra rara, con dos sentidos

opuestos como nosotros)

 

Panificados

 

 

(Isnaldo Montalbán)

 

Nada nos puede faltar.

Él es nuestro pastor

y vela por que el pan

no falte en ninguna mesa.


Podrá faltar alguna mesa,

pero no el pan correspondiente.


Él multiplica panes, peces

y promesas, más no mesas:

No son tan necesarias como

el pan nuestro de cada día.

 

Podemos sobrevivir muchos más

días sin mesa que sin pan. 


Él no necesita ninguna mesa,

de lo contrario tendría todas

las que quisiera, incluso todas.


O, en su defecto, dispondría

de la mejor, una mesa superior

a todas las nuestras, a su altura.


Pero no necesita,

hasta donde sabemos

no tiene las mismas necesidades


nuestras, aunque fuimos hechos

a su imagen semejanza, eso es

seguro.


Como es seguro que almuerza

en la mesa del patrón, donde nada

falta, ni puede faltar.


 

miércoles, 7 de octubre de 2026

Proporcines a considerar

 

 

(Cipriano W. Cifuentes)

 

Hay una proporción considerable,

y otra que no merece mayor

consideración.


Los considerados somos minoría

y el respeto a las minorías

es un derecho inalienable

que se está considerando.


Las autoridades de aplicación

en ejercicio responden a gobiernos

elegidos democrática y periódicamente

que se suceden unos a otros y son

siempre provisorios.


En proporción histórica, todos son

parte de una minoría a la que representan,

en forma más menos explícita

y con diversos matices.


Saben que si n lo hacen, podrían

terminar mal, o incluso no llegar

al término de su mandato.


Hay que ser considerado:

Están condicionados y hacen

lo que pueden, no se puede pedir

mucho más.


Todos prometen trabajar por el bien

común, en eso también coinciden.


Gobernar para todos no se puede,

no están dadas las condiciones.

Gobernar es un trabajo duro

y difícil, no es para cualquiera.

 

martes, 6 de octubre de 2026

Privaciones naturales y adquiridas

 

 

(Elpidio Lamela)

 

Conocemos privaciones,

de distinto tenor y medida.


No podemos medirlo, pero

todos nos privamos de algo

en beneficio de la convivencia.


Sabemos convivir con privaciones,

que aceptamos a sabiendas de que

sin ellas, no sería posible la sana

convivencia.


Todos estamos privándonos de algo

en distinta medida. No somos todos

iguales, por eso necesitamos distintas

privaciones y asumimos la necesidad

como un costo de la sana convivencia.


Quien dice yo no me privo de nada,

o miente, o es neurodivergente: Hay

ciertos límites impuestos por la ley,

y luego otros que emite la conciencia:


La autocensura y la propia represión

del instinto, son mandatos sociales

para sostener la sana convivencia.


Las privaciones son tan diversas

como incontables. Sin embargo, casi

todas tributan a la propia percepción,

privativa de cada individuo, o sujeto,

público o privado.


Yo no tengo casa, pero no lo percibo

como privación porque nunca la tuve:

Es sólo un ejemplo.


Yo no tengo oído absoluto, pero antes

tampoco lo tenía y no lo siento como

una privación en absoluto.


O bien: Yo no tengo vida privada,

y como nunca la tuve, no la conozco

y no me afecta como privación.


Hay muchos más ejemplos, dado que

las privaciones son muchas y diversas

y aumentan en proporción directa con

la evolución de la especie.


Básicamente, las privaciones se dividen

en legítimas e ilegítimas, condiciones,

ambas, temporales:


Nada es para siempre.


 

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