(Serafín Cuesta)
Sarmiento
no tragaba el humo,
fumaba
para hacerse ver
(al
fumar, la respiración se hace
visible
a través del humo)
Él
necesitaba hacerse respetar
y para eso, primero hay que hacerse
ver. Sabía resultar atractivo y captar
la atención cuando era necesario.
Tenía
buena conversación,
no tan buen carácter y carecía
de sentido del humor.
A
diferencia de otros presidentes
históricos,
no tenía una gran fortuna,
ni
estancias, ni partido propio.
Pero
sabía hacerse valer, estaba
convencido
de su papel protagónico
en
ese segmento de la historia.
Tenía
enemigos, como todo hombre
que
ejerce el poder y no vacila a la hora
de
imponer sus decisiones. Todavía hoy
se
lo discute, muchos no lo tragan.
Tendría
sus vicios, como todo el mundo,
pero
no fumaba por placer: No aprendió
a
tragar el humo, nadie le enseñó al padre
del aula.
En
esos tiempos había pocos fumadores,
no
existía la industria nacional
y
no cualquiera podía comprar importados.
Fumar
era un signo de civilización
y
él sabía como hacerse notar e imponerse,
sin necesidad de
enviciarse.
Los fumadores no eran combatidos,
había otras prioridades para combatir,
como la barbarie liderada por esos caudillos
que fumaban cualquier cosa.