(Epifanio Weber)
La pobreza no viene por la
disminución de las riquezas,
sino por la multiplicación
de los deseos.
¿Cómo extraer toda la sabiduría
contenida en las palabras de Platón
para aprovecharla adecuadamente?
Hay distintas lecturas, algunas
más ricas que otras:
Sabemos que la riqueza se crea,
y el deseo también. Ambos nos
pertenecen como productos de
la creación humana.
En los dos casos, es posible tanto
multiplicar como dividir, según
nuestro deseo.
Aunque dividir el deseo es más
trabajoso que dividir la riqueza.
Claro que, si dividimos la riqueza,
tenderá a disminuir hasta desaparecer.
Es natural que nadie quiera dividir
su riqueza: Crearla cuesta, no viene
sola, ni viene de la nada, y nadie crea
nada para que se pierda dividiéndose.
Antes que tener que dividir la riqueza,
es mejor blindarla, asegurarla y evitar
la multiplicación descontrolada de los
deseos:
Hay cosas que no conviene reproducir..
En tiempos de Platón, si bien había ricos
y pobres como siempre hubo, los deseos
no eran tantos y eran más estables,
al igual que las riquezas.
Nadie se hacía rico de la noche a la
mañana, y no se conocía la igualdad
de oportunidades.
En el curso de la historia, las condiciones
para la creación fueron cambiando:
El volumen de riqueza acumulada aumentó
significativamente, gracias a la división del
trabajo y otras conquistas de la creaicón
humana.
Los deseos también crecieron en forma
proporcional, aunque algunos siguen siendo
los mismos.
La distribución de la riqueza también
evolucionó: La mayor parte es patrimonio
de unos pocos, cada vez más pocos, cuyos
deseos son órdenes.
No sabemos si se multiplican.