(Tomás Mercante)
Cuando yo vine a este mundo
nadie me estaba esperando,
arranca el poema de Guillén
El enunciado de sus versos
es claro, inobjetable,
también su calidad.
Pero al margen del valor poético
y el sentido metafórico, no puede,
lo dicho ser verdad.
Nadie nace solo, siempre hay alguien
esperando, aunque no necesariamente
sea lo que esperábamos.
Si no hubiera nadie, sin ese otro,
no sobreviviríamos más de unas horas:
Somos el animal más dependiente
al nacer, y la dependencia nuestra
es la más prolongada.
Luego, hay quienes nacen porque no
pueden esperar, o porque los empujan
a nacer por necesidades administrativas.
No se pude hablar de voluntad propia.
Ni siquiera elegimos al espermatozoide
que fecunda el óvulo para que nazcamos
a otra forma de dependencia.
Es decir, estamos solos al nacer
y al morir. Entre ambos extremos
cada uno hace lo que puede
para tramitar su soledad y compartirla
parcialmente.
Hay soledades más y menos justas,
dicen los que conocen la soledad
del éxito.