miércoles, 29 de abril de 2026

El origen de la pobreza

 

 

(Epifanio Weber)

 

La pobreza no viene por la

disminución de las riquezas,

sino por la multiplicación

de los deseos.


¿Cómo extraer toda la sabiduría

contenida en las palabras de Platón

para aprovecharla adecuadamente?


Hay distintas lecturas, algunas

más ricas que otras:


Sabemos que la riqueza se crea,

y el deseo también. Ambos nos

pertenecen como productos de

la creación humana.


En los dos casos, es posible tanto

multiplicar como dividir, según

nuestro deseo.


Aunque dividir el deseo es más

trabajoso que dividir la riqueza.

Claro que, si dividimos la riqueza,

tenderá a disminuir hasta desaparecer.


Es natural que nadie quiera dividir

su riqueza: Crearla cuesta, no viene

sola, ni viene de la nada, y nadie crea

nada para que se pierda dividiéndose.


Antes que tener que dividir la riqueza,

es mejor blindarla, asegurarla y evitar

la multiplicación descontrolada de los

deseos:


Hay cosas que no conviene reproducir..


En tiempos de Platón, si bien había ricos

y pobres como siempre hubo, los deseos

no eran tantos y eran más estables,

al igual que las riquezas.


Nadie se hacía rico de la noche a la

mañana, y no se conocía la igualdad

de oportunidades.


En el curso de la historia, las condiciones

para la creación fueron cambiando:


El volumen de riqueza acumulada aumentó

significativamente, gracias a la división del

trabajo y otras conquistas de la creaicón

humana.


Los deseos también crecieron en forma

proporcional, aunque algunos siguen siendo

los mismos.


La distribución de la riqueza también

evolucionó: La mayor parte es patrimonio

de unos pocos, cada vez más pocos, cuyos

deseos son órdenes.


No sabemos si se multiplican.

 

martes, 28 de abril de 2026

Masticar con propiedad

 

 

(Florencio Cusenier)

 

Hablar con propiedad

es algo que se reconoce,

ya que no es muy común.


Masticar con propiedad,

en cambio, no goza del

mismo valor.


Así funcionan los valores:

No es común valorar aquello

que nos es común.


Masticar es una actividad

inconsciente, y las propiedades

de estas actividades no gozan

de reconocimiento, ya que no

las conocemos tanto como para

valorarlas con justicia.


Si hay alguien que sabe masticar

con propiedad, son los bruxistas:

Lo hacen como si fuera a conciencia

pero sin conciencia.


Hay bastantes actividades que se

desarrollan sin necesidad de usar

la cnciencia, con probado éxito.


II

Los bruxistas van y vienen,

a veces ni se autopercuiben, pero

son infatigables: No descansan ni

en el sueño, permanecen activos

a toda hora, y eso ya es una virtud.


Los bruxistas van y vienen,

en todas direcciones, portando

su actividad oculta, sin pausa

ni conciencia.


Algunos podrían ir al cielo,

no se sabe, acaso podrían trasladar

allí su actividad y mantenerse activos:


La práctica del bruxismo no conoce

límites.

Puede desarrollarse en el bosque,

en la montaña y en cualquier playa.

Incluso en cuativerio y en condiciones

de plena incomunicación: Otra virtud.


A diferencia de otras actividades,

deportes o juegos de mesa, el bruxista

no necesita un partenair, un contrincante

ni ser parte de un equipo:


Es autónomo, autosuficiente y ajeno

a la competencia, como otras actividades

solitarias.


Masticar con propiedad, entre otras virtudes,

no afecta a terceros, a diferencia de otros

usos del sentido de propiedad.


En detrimento de esta ocupación:

Masticar los propios dientes

es casi como comer carne propia:


Como hábito, resulta más sustentable

la onicofagia: Comerse las uñas

es más seguro, ya que vuelven a crecer

y son un recurso renovable.

 

lunes, 27 de abril de 2026

Dios no necesita mostrarse para hacerse valer

 

 

(Alcides Ovando)

 

No dilapides tu fe en vano.


¿Conoces la parábola del necio

que se hizo devoto y penitente

para acercarse a Dios más que

ninguno?


Tuvo su premio, se acercó a Él

tanto como es posible a cualquier

mortal que lo busca con afán y

en la forma indicada por Dios.


Pero su intención era otra, sólo

se acercó al Unigénito, para

contradecirlo e interpelarlo,


¿Y qué pasó?


Nada que no pudiera esperarse:

Fue desairado por Dios, no lo atendió.

No sólo eso, sino que no lo recibió

y ni llegó a verlo siquiera.


Dios sabe lo que hace y lo que no

hace, y sabe más de lo que dice:

Nos conoce mejor que nosotros,

sus vanidosas criaturas.


No pierde el tiempo con los necios,

sabe cómo detectar cuando la fe

no es genuina y verdadera, y los

abandona como sólo Él sabe hacerlo. 

 

domingo, 26 de abril de 2026

Inmunidad poética

 

 

(Periferio Gómara)

 

¿Existe algo como la inmunidad

poética?


¿Puede vincularse a nuestro sistema

inmunológico?


¿Es lógico que cualquiera pueda

emitir un poema sin un motivo que

lo justifique?


¿Y si no fuera un poema validable

en toda su expresión y extensión?


¿Qué herramientas analógicas o

tecnológicas podrían prevenir al

lector incauto?


¿Disponemos de los recursos adecuados

para determinar cuándo la contaminación

visual y cognitiva producida es amortizada

por el hecho poético que promete el emisor?


Sin la información precisa, el lector incauto

yace inerme y hasta podría complacerse rn

la lectura de cualquier objeto textual que se

presente como poema, sin serlo ni poder

acreditarlo.


Bajo el consabido pretexto de que ningún

poema es para todos, se acepta la circulación

impune de toda clase de aventuras dudosas

que podrían ser percibidas como poemas.


Pero el poema es otra cosa, no se puede

meter todo en la misma bolsa y dejarlo

librado al juicio del lector:


El lector de poemas está solo,

en ese sentido, como en otros


¿Debe confiar en su propio sistema

autoinmune?

 

sábado, 25 de abril de 2026

Cuidado y mantenimiento de la bandera

 


(Serafín Cuesta)

 

Es saludable tener una bandera

que saludar. No importan los

colores, las formas y el tamaño:


La bandera nos cobija, y es prenda

de unidad. Basta reconocerla como

propia y reconocerse en ella

para ser reconocido.


Nuestra bandera es la única

en su género y eso es lo único

que importa.


Nuestra bandera nos reúne, como

se enseña en los claustros, porque

es nuestra enseña, representa nuestros

valores y nos diferencia de los que

tienen otras banderas, tanto como de

aquellos que no tienen ninguna:


Éstos son los más sospechosos:

Es difícil encontrar argumentos

que justifiquen esa falta.


Las banderas ajenas pueden según las

circunstancias históricas, reconocerse

amigas o enemigas o indiferentes, es

algo ocasional:


La Historia es dinámica y todos podemos

pasar de amigos a enemigos y viceversa.

Pero de aquellos que ostentan la falta de

bandera propia, no sabemos qué se puede

esperar.


Sabemos, en cambio, que de quienes

carecen de valores no se puede esperar

nada, a lo sumo algún ataque de falsa

bandera.


Todas las banderas merecen nuestro respeto,

algunas más que otras, hay que reconocer:

La bandera es más que un símbolo portátil:

El estandarte sirve para reconocernos y ser

reconocidos.


Tener una bandera es saludable, no importan

sus colores, formas y tamaño: Ella sintetiza

y expresa nuestra historia, y nos identifica

ante el mundo embanderado.


No importa que haya otras más bellas

y atractivas: Ésta es la nuestra, la tuya, la mía.

No me importa que nadie más la comparta:

Es mi bandera, mi prenda de unidad.

 

viernes, 24 de abril de 2026

Valores temporales

 

 

(Aurelio Herlein)

 

Entre negar y renegar

hay un paso, como

entre vertir y revertir.


Hay pasos que pueden omitirse

para ganar tiempo: El tiempo

ganado puede reinvertirse como

renegociarse. 


Siempre negociamos con el tiempo: 

Invertir es una forma de negociar, 

podemos repetir.


Si no fuera negociable, el tiempo

no tendría el valor que le conocemos:

su utilidad quedaría reducida al valor

de uso, tan acotado como subjetivo:


Un bien no transable, sin perspectivas.

Hay valores positivos y negativos,

podemos afirmar, gracias al intercambio.


Las emisiones que no tributan a alguna

forma de intercambio, no producen

utilidad, ni evolución, permaneciendo

indiferentes a la evolución del tiempo.


Hay pasos que pueden omitirse

para ganar tiempo: somos libres

de omitirlos y ganar y reinvertir

el tiempo ganado a voluntad.


De hecho, lo que llamamos voluntad

no es más que una forma de inversión.


Siempre hay alguien invirtiendo

para que hagamos una cosa, y no otra.

La voluntad es el resultado de una

suma de inversiones articuladas.


¿Existe la voluntad propia?


Podemos aceptar o rechazar, afirmar

o negar: Hay pasos que pueden omitirse.

Pero no podemos renegar de la omisión.


Las omisiones pasadas no se pueden

arrancar, ni ocultar.


La comisión de una omisión podría ser un

error no forzado, pero no es verdadero error,

salvo que se repita en el tiempo y se vuelva

inocultable.

 

jueves, 23 de abril de 2026

La condición deudora

 

 

(Epifanio Weber)

 

Ya no seré falaz ¿A quién le importa?

Hay bastantes falacias en el mundo,

replicables y escalables, -repito:

soy oriundo- circulando con total

normalidad.


Ya no seré normal, salvo error u

omisión. Las omisiones pasadas,

ya no las puedo ocultar.


Ya no seré normal,

no sé si me arrepiento:

Si te digo la verdad te miento.


¿Cuánto hace que alcanzamos

la total normalidad? ¿Estamos

en condiciones de afirmar?


No puedo prometer nada:

Lo prometido es deuda, y ya

tenemos más que suficiente.


¿Sabías que somos el único animal

que se endeuda? Ningún otro

conoce la deuda ni la practica:


Somos los únicos deudores nativos,

y somos deudores y acreedores

gracias a la fe, que nos distingue de

los otros animales.


Esas vidas subalternas, desprovistas

de fe, deambulan sin progresar, y sin

mucho que esperar: No cambian, no

registran evolución, no conocen el

valor de cambio.


La deuda es producto de la fe:

Nadie daría a nadie nada, si no creyera

fehacientemente en recuperarlo con

creces. Los intereses, sean simples o

compuestos, son una conquista humana

y un signo evolutivo.


El crecimiento es uno de nuestros más

altos valores: Sólo creemos en lo que

crece, y venimos a crecer, según creemos.


Somos deudores de la fe, que nos hizo

deudores y acreedores, condiciones para

el crecimiento patrimonial y la creación

de riqueza.


Somos los únicos creadores de riqueza,

tanto como de pobreza: El crecimiento

tiene un costo, como todo,  pero todo

se amortiza con la muerte.


Podemos emitir deuda, prometer mejores

tasas y creer en falsas promesas

y en tierras prometidas.



 

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