(Serafín Cuesta)
Aspiraba a convertirme
en un poeta menor, pero
fracasé.
No es para lamentarse, dijo.
No todo es para todos,
hay que aceptarlo y entender
que no se puede ganar siempre:
Todos conocemos límites, aunque
a veces no los reconozcamos.
Tenemos distintas capacidades
y no rodas encuentran condiciones
favorables para su desarrollo.
Es eso, lo que nos hace diferentes
y nos permite desarrollar diferencias
en libertad.
Sabemos que nadie es igual a nadie,
de lo contrario, no habría lugar para
la competencia, que es lo que provee
sentido a la vida, a la vez que brinda
la oportunidad de superación.
Sólo hay un lugar donde los límites
no existen y somos todos igualmente
libres y soberanos: Ese es el ámbito
de las aspiraciones:
Nadie nos impide aspirar a nada
y todos podemos aspirar a todo.
Hay aspiraciones más altas que otras,
pero todas conviven sin conflicto,
allí no hay competencia y hay
igualdad de oportunidades.
Aspirar es tan sano como competir,
entendiéndose dentro de los límites
de la sana competencia.
Yo aspiraba a ser un poeta menor,
pero fracasé.
Supe asumirlo y asimilarlo, ahora
aspiro a otra cosa.