(Manuel Santos Lupanares)
Las personas con baja tolerancia
al trabajo, deberían conocer
y aprovechar este mensaje:
Mientras más repugnante sea el
trabajo, mayor debe ser nuestra fe
y más alegre nuestra devoción.
¿A quién pertenece esta sabia
reflexión?
No, no es de mi autoría, mi de algún
poeta popular, un filósofo escolástico
o un coaching ontológico.
No importa mucho el autor, es parte
de la cultura y nos pertenece a todos,
como la religión, que son muchas
pero todas ofrecen una explicación
al sentido de la vida.
¿Qué otra cosa es la fe, sino aquello
que da sentido al sacrificio?
Nadie en su sano jucio, desearía
ese trabajo repugnante, pero todos
acordamos y aceptamos que alguien
lo tiene que hacer;
Y no, no es para cualquiera, justamente
ahí radica el verdadero sentido de este
mensaje: El que lo hace, es porque fue
elegido, y no es algo menor saberse
un elegido.
Así como la Divinidad, plural o singular
elige a sus discípulos, decide a quienes
salvar, o co, o determina a sus pueblos
elegidos, ser elegido para algo significa
un reconocimiento:
Hay una misión asignada para ése
y tendrá su recompensa por cumplirla
sin quejarse.
La certeza de saberse un elegido
lo eleve por sobre todos aquellos
que deambulan por el mundo sin
conocer su verdadera misión.
Eso ya es motivo para renovar la fe,
redoblarla y proveer alegría al alma
del devoto.
Hay cosas que no podrían explicarse
ni entenderse, sin la ayuda de la religión,
que nos pertenece a todos y da alivio
y esperanza a los que padecen,
una misión compartida por muchos.
Por ésto, y otras cosas, Teresa de Calcuta
fue santificada.