viernes, 25 de septiembre de 2026

Acordes

 

 

(Serafín Cuesta)

 

Todo somos iguales

ante un acorde perfecto,

esa tríada.


No se necesita un oído absoluto,

ni conocer de acordes,

ni siquiera saber música para percibir

la perfección.


Cuando el acorde crece, y suma

otros sonidos, agrega matices, tensiones,

se enriquece pero pierde la perfección.


Nosotros nunca la perdemos

porque nadie es perfecto cuando nace,

ni cuando muere. En eso, somos todos

iguales, sólo en eso.


Se podría decir que nos une

la imperfección, pero es dudoso:

Todos tenemos un lado obscuro

y preferimos no compartirlo.


No es mucho lo que podemos compartir.


Yo prefiero los acordes imperfectos,

esos que tienen nombres difíciles

y son pura tensión, a resolver.


Así como los poemas imperfectos,

que no se sabe or qué existen,

ni qué los justifica.


Mis gustos son dudosos, como todos.

No aspiro a la perfección, y nunca

tuve oído absoluto, por lo que sé.


Las dudas son de nosotros,

las certezas son ajenas,

escribió un poeta dudoso.


Ésto tampoco es un poema.



 

jueves, 24 de septiembre de 2026

Círculos conncéntricos

 

 

(Cipriano W. Cifuentes) 

 

El hombre no sabe estar solo,

como otras criaturas.


Cuando comprendió que estaba solo,

habiendo podido separarse de los otros

animales, comenzó a juntarse:


Pequeños grupos, que solían enfrentarse

entre sí por distintos motivos.


Del conflicto, surgía uno que se imponía

y ampliaba su dominio.


El hombre comprendió, que así como había

podido someter a otros animales, también

podía conquistar a otros hombres y armar

grupos más grandes y temibles.


Hubo que luchar para hacerse respetar.

Se fue agrupando en tribus, aldeas,

asentamientos y comunidades que dieron

lugar a reinos, imperios, ciudades, para

acabar en estados.


Estas unidades autónomas, sólo podían

sobrevivir si estaban bien armadas: Era

necesario organizarse y destinar una buena

parte de su producto bruto a abastecer la

defensa: Cualquier otro estado constituía

un enemigo potencial.


Se hizo necesario sostener ejércitos regulares

bien provistos para proveer a la defensa

del estado y sus contribuyentes, y acaso

a un eventual ataque.


El desarrollo de estas organizaciones

hizo que el hombre incorporara el concepto

de autoridad, esencial para sostener el orden:

El valor de la subordinación, está por encima

de todo y es lo que permite que organizaciones

complejas funcionen, con sus distintos grados

y niveles de responsabilidad.


II

¡Alrededor mio carrera mar!

Ordena el cabo primero al soldado.

Éste obedece a su superior y corre

en pequeños círculos alrededor suyo.


¡Atención! Ordena la voz de mando.

El soldado se detiene, se cuadra y grita

¡Atención!


¡Alrededor mio carrera mar! ¡A tierra!

El soldado obedece, se tira al piso , vuelve

a correr en círculos mientras el superior

camina lentamente y repite la secuencia

de órdenes, tantas veces como lo considere

necesario.


Estos ejercicios forman parte de la instrucción

militar y sirven para comprobar en la práctica

que el ejercicio de la autoridad funciona, y que

el subordinado incorporó en forma correcta

el valor de los conceptos subordinación y valor.


El hombre no sabe estar solo, tal vez no pueda,

aunque tenga que correr como un idiota,

alrededor de otro en círculos concéntricos.

 

El servicio militar obligatorio es una práctica

aún vigente en algunos estados.  En el nuestro

no, pero aprendimos a obedecer cualquier cosa

y seguimos dando vueltas mansamente en torno

a personajes cada vez más dudosos. 

 

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Privaciones

 

 

(Prudencio Húsares)

 

Hay gente que no tiene vida privada,

se quejan.


Otros, en cambio, es la única que tienen

y no se quejan.


Acaso porque saben que es inútil, no sé,

hay cosas que no trascienden. Tal vez, sea

mejor, no lo sabemos.


Todos tenemos derecho a quejarnos,

no mucho más que eso. Motivos nunca

faltan.


Pero tampoco conviene exponerse mucho,

no está bien visto quejarse demasiado

y casi nunca sirve para nada,

si sólo nos quejamos y nos quedamos

en la queja.


Yo nunca tuve vida pública y no lo siento

como una privación. No la extraño, ni me

quejo.

 

domingo, 20 de septiembre de 2026

Robo en defensa propia

 

 

(Cósimo Stancatto)

 

 

De un poema

salen otros dos

y un tercero en discordia

(la primera parte es copia)


Todos tenemos algo de otro, pero

para robar hay que tener memoria.


Robar es un recurso lícito

en la función poética

para ser original, una función vital


sólo entre poetas vivos.

Los muertos no roban,

aunque pueden ser robados

mientras sean materia disponible.


Una cosa es robar

y otra profanar. Tampoco es

lo mismo copiar o repetir:


El que roba a otro ladrón

tiene cien años de perdón.


Hay poetas que no perdonan.

No es mi caso, no me parece

poético. Yo, sin ser poeta,

los perdono a todos.


Hay que ponerse en el lugar del otro,

tomar lo necesario y hacerlo propio:

Robar es fácil, quien lo probó lo sabe.

 

El universo de la propiedad es pródigo

en oportunidades. 

 

También es atendible lo de aquellos

que roban en defensa propia,

para poder sostener la actividad.


Distinto es el caso de quienes se roban

a sí mismos, como yo: Tomo una hipálage

del pasado, u otro recurso ya probado:

una homofonia, una voz polisémica,

y los repito sin vergüenza.


Vergüenza es robar y pedir perdón.

Yo no pido nada, si tuviera que pedir

pediría peras (creo que ésto ya lo tengo

escrito)



 

Recambio

 

 

(Serafín Cuesta)

 

Los códigos vencidos

apuran la emisión continua:

La continuidad es útil 

a la definición rítmica. 


barras de barro, mensajes

cada vez más breves

disputando la utilidad residual

para satisfacer la demanda. 


Si hacemos números

podríamos quedar afuera

y volver a la intemperie

que ya no es la misma. 


Vértices sobran, pero no son

como los originales.


Nada es igual como para confiar

bajo estos códigos vencidos.


Nada es igual, ni el azul

de nuestras várices añosas.


Nada es igual, ni la voluntad

discreta de los cadáveres

fuera de control, ni nuestros

cuerpos cavernosos. 

 

La publicidad de los servicios

funerarios es cada vez más agresiva,

una expresión de la sana competencia. 

 

sábado, 19 de septiembre de 2026

Compromisos patológicos

 

 

(Elpidio Lamela)

 

Dr., yo soy poeta, como ya

le confesé, pero a veces, siento

que no tengo nada que decir,

y quisiera ser honesto.


-Lo entiendo, los poetas, al igual

que nosotros, trabajamos con la

palabra, y es normal que, a veces

no tengamos nada que decir.

No sé ¿A usted qué le parece?


-Sí, pero usted puede hacerlo, en cambio

un poeta tiene que producir algo material

que justifique su condición.


-Sí, en nuestra profesión no es necesario

hablar mucho, priorizamos la escucha

y sólo decimos lo justo y necesario,

o ni eso: ¿A usted qué le parece?


-Está bien, ustedes tienen ese recurso,

pero los poetas sólo se escuchan a sí

mismos, y ante el silencio no podemos

callar, seamos honestos.


-En ese caso, tendría que plantearse

qué es lo que más le importa:

si ser poeta o ser honesto.

¿A usted qué le parece?


-No, yo quiero ser un poeta honesto .

Quiero ser honesto conmigo, de modo

que al leerme sientan que leen a un poeta

honesto, aunque no sea más que eso.


-A ver, tal vez tendría que revisar un poco

esos conceptos. En realidad, sólo hay dos

clases de sujeto capaces de armar un buen

discurso sin tener nada que decir: Políticos

y poetas, unos para conquistar electores,

otros para conseguir lectores. ¿Cuál cree

que es más honesto?


-No sé, Dr., yo soy poeta, no puedo emitir

un juicio justo.

 

viernes, 18 de septiembre de 2026

Soledades (Versión desmejorada)

 

 

(Tomás Mercante)

 

 

Cuando yo vine a este mundo

nadie me estaba esperando,

arranca el poema de Guillén


El enunciado de sus versos

es claro, inobjetable,

también su calidad.


Pero al margen del valor poético

y el sentido metafórico, no puede,

lo dicho ser verdad.


Nadie nace solo, siempre hay alguien

esperando, aunque no necesariamente

sea lo que esperábamos.


Si no hubiera nadie, sin ese otro,

no sobreviviríamos más de unas horas:


Somos el animal más dependiente

al nacer, y la dependencia nuestra

es la más prolongada.


Luego, hay quienes nacen porque no

pueden esperar, o porque los empujan

a nacer por necesidades administrativas.

No se pude hablar de voluntad propia.


Ni siquiera elegimos al espermatozoide

que fecunda el óvulo para que nazcamos

a otra forma de dependencia.


Es decir, estamos solos al nacer

y al morir. Entre ambos extremos

cada uno hace lo que puede

para tramitar su soledad y compartirla

parcialmente.


Hay soledades más y menos justas,

dicen los que conocen la soledad

del éxito.

 

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