(Manuel Santos Lupanares)
¿Qué
es Dios?
Me
dices mientras clavas
tu
pupila azul en una mancha
de
humedad.
Pues
Dios es esa mancha,
y
todas las demás
presentes
o futuras:
La mancha inmaculada del Amor.
Dios es
todo, en una palabra.
Dios
es energía.
Energía
creadora en emisión
constante,
energía sin materia,
en
su estado puro.
Dios
es expansión sin límite,
movimiento
incontestable
que
se reproduce a sí mismo.
No
importa si es Uno, un Trío,
un
quinteto o una cantidad
innumerable
de voces superpuestas.
¿Es
palabra de Dios?
No,
hablar de palabras de Dios
es
un pleonasmo: Todas lo son,
Él
las creó para nosotros,
El comercio de la palabra nos permite
comerciar
sin necesidad de matarnos
unos
a otros.
La
Energía Divina puede cobrar
las
formas más diversas. Su pura
emanación
se expresa en cada movimiento
de
los cuerpos animados multiplicándose
por
amor a la potencia de la expansión,
mandato divino.
Dios
es más que todo lo que podamos
decir
de Él. Es energía multiplicadora:
La
misma que multiplicara peces y panes
y
ahora multiplica pastores.
La
reproducción de la fe, no puede
detenerse:
Hay un ritmo divino,
sin reproducción no hay ritmo.
La
fe es un movimiento que no puede
detenerse,
pero sí diversificarse
para reproducirse por división:
Ésta
es la fórmula primordial, origen
de
la vida y emanación divina.
La división
es una función ajena
al pecado y propia de organismos
altamente organizados:
Sólo nosotros dividimos el pecado.
¿Cuántos
pastores necesitamos?
No
podemos aventurarnos y arrojar
cifras
dudosas. La Voluntad Divina
excede
nuestra capacidad cognitiva
de
corderos submúltiplos.
No
esperamos saber más de lo que Él
crea
justo y necesario. Todos somos
potenciales
pastores, una actividad
en franca expansión.
Rebaños
de pastores nuevos
alumbrarán
el camino hacia el futuro,
un
camino divisible, como todo.