(José Luis Greco)
El
grado cero de la metáfora
es
igual a uno, un punto:
El
famoso punto muerto,
anterior
al tango Uno
y
a todo lo demás, tal vez.
(Punto
muerto de las almas,
tumba
horrenda de mi amor,
escribió
Discépolo)
A
ese punto lo conozco desde
la
infancia, cuando aprndía
a
manejar mirando a mi padre
en
el Chevrolet 38.
Nunca
terminé de aprender,
como
tantas cosas que uno empieza
y
no termina. Pero sabía hacer los
cambios
y volver a punto muerto.
Probé
después, en distintas ocasiones.
Manejé
cuatro o cinco autos distintos.
El
de mi padre no, salvo una vez
que
nos llevó a un lugar abierto, con
mi
hermana, y manejamos los dos.
Después,
de garnde, no. Él era muy
cuidadoso
con su auto, no lo prestaba
a
nadie. Pude haberlo hecho, ya que
me
dejaba las llaves para que lo lavara,
pero
preferí no hacerlo.
Cuando
murió, tenía otro auto, estaba
como
nuevo, ni un año había cumplido.
Yo
iba todos los días al garaje donde lo
guardaba
a ponerlo en marcha para que
no
se quedara sin batería hasta que se
vendió,
y volví a punto muerto.
La
metáfora está en ese punto, dudoso:
Los
puntos no suelen morir, no pueden
porque
no tienen vida.
El
punto puede servir como sujeto, pero
sólo
los sujetos vivos podemos acceder
a
ese estado que llamamos muerte,
del
que no sabemos mucho, aunque sí
sabemos
que lo conoceremos, y es lo
único
seguro en esta vida.
El
punto, también sirve para metáforas.
Lp
único que diferencia al punto muerto
de
uu punto suspensivo, un punto de apoyo
y
todos los demás, es el sentido metafórico:
Una
circunferencia no delimitada,
cuyo
centro está en todas partes,
y
es un punto como éste.