(Cósimo Stancatto)
A
valores de hoy, el sonido
fue
perdiendo protagonismo
y
ocupa un lugar subalterno.
Una
imagen vale más que mil
palabras:
Esta
frase, es de hace tiempo,
cuando
todavía no manejábamos
tantas
imágenes y ni existía la
selfie.
Hoy
nadie puede pensar sin imágenes,
un
poema desprovisto de imágenes
pasa
sn pena ni gloria y no conmueve
a
nadie: Hasta cuesta imaginarlo.
No
hay ningún número de palabras
que
produzcan la emoción de aquella
imagen
de nuestro ídolo nacional y
popular
convirtiéndole a los ingleses.
Aunque
haya sido con la mano:
Si
Dios nos dio una mano,
es
porque lo merecíamos.
Nadie
es más justo que Él.
II
En
mi lejana infancia, recuerdo
el
deslumbramiento general, con
la
proeza de las naves supersónicas,
y
el ruido producido al atravesar
la
barrera del sonido.
(Como
niño, me impactaba mucho
esa
barrera del sonido, pero como no
había
imágenes, tenía que imaginarla)
Hoy,
esas velocidades nos resultan
irrisorias,
desde las terminales donde
observamos
el mundo en nuestras
pantallas
digitales., mientras navegamos
a
velocidades inéditas.
La
única velocidad
que
todavía nos merece algún
respeto
es la de la luz, cuyo valor
parece
difícil de superar.
Sólo
Dios es capaz de hacerlo,
porque
todo lo puede y es un
ser
de luz:
Hasta
ahora, el más poderoso.
En
Él confiamos
(In
god we trust, para los bilingües
que
prefieren la lengua luminosa
del
amor)
Oíd
el ruido de imágenes encadenadas,
oíd
esa cadencia de sonidos descendentes
que
se suman a la cadena de valor.
Oíd
el ruido de nuestras nuevas cadenas
en
función: Ved la imagen secuenciada.