(Alí Carnazo)
¿Sientes que el poema
se te fue de las manos?
¿Creció demasiado, y está
fuera de control?
¿Se salió de madre, se desmandó
y observa un desarrollo anómalo?
No te precipites: Reinícialo
y sigue el consejo de los expertos.
Examínalo sin pasión, sepáralo
en segmentos y extrae lo útil.
Luego reformúlalo, adaptándolo
a los parámetros aceptados.
Dale forma, que se note bien
que es un poema, despejando
cualquier duda: La forma es todo
en el discurso poético, como en
los otros, pero más.
El exceso de metáforas resulta
tedioso para el lector genérico
y no agrega valor al poema.
Un poema puede no agregar nada
y ser perfecto, como esas mujeres
cuya belleza valoramos y no necesitan
abrir la boca para ser deseadas.
Ésto no significa que la perfección
goce de aceptación universal:
No aspires a ese lector ideal
que descubre todo lo que ofrece
en el poema y reconoce su verdadero
valor.
Es difícil establecer con precisión
el valor contenido en el poema:
Concéntrate en la forma,
antes que se te vaya de las manos.
Un diseño atractivo es esencial.