(Asensio Escalante)
La meditación profunda
ayuda a superar momentos
difíciles u obscuros.
Podemos meditar a la luz
del día, a la luz de una vela
o en completa obscuridad:
Concéntrate en tí, en el centro
de esa luz interna que vacila,
o busca una linterna.
No se necesita mucho
para meditar, con un cuerpo
es más que suficiente.
Para iniciarte, es mejor recurrir
a la meditación asistida.
Luego, puedes hacerlo solo
aprovechando cualquier momento
del día y la noche.
La práctica de la meditación
es una forma de autoconocimiento,
provee armonía y equilibrio entre
necesidad y deseo, reduce el estrés,
oxigena los órganos internos, baja
el ritmo de la oxidación natural,
así como mejora el ánimo y prolonga
la vida.
Debes incorporarla como un hábito
y hacerte una rutina:
Los buenos hábitos y las rutinas
prolongan la vida.
Dispone el tiempo necesario,
no lo ahorres, fíjate horarios:
El tiempo invertido en uno mismo
es la mejor inversión a futuro.
Pero no medites sin medida,
no te excedas.
Recuerda:
Hay que tener una medida para
todo, la mesura prolonga la vida.
El hombre es la medida de todas
las rosas, todas las risas y todas
las fosas.
Todos merecemos aspirar a algo
más.