(Serafín Cuesta)
Los
animales no necesitan humor.
Pueden
expresar estados de bienestar,
tristeza,
enojo, sentimientos como
el
amor, el odio, el miedo.
El
sentido del humor les es ajeno,
como
la vocación: No necesitan
conocer
sus inclinaciones, habilidades,
capacidades.
Les
basta con conocer su cuerpo, sus
necesidades
y medios de defensa y
ataque.
Es todo lo que necesitan: No
tienen
vocación ofensiva o defensiva.
Entre
nosotros, hay quienes pueden
vivir
sin vocación y sin humor:
No
saben lo que se pierden.
Aunque
nadie sabe lo que se pierde
cuando
no lo conoce.
También
es posible vivir sin amor;
en
ese caso, es mejor no conocerlo.
No
sabemos cuántos animales lo
conocen,
tampoco sabemos demasiado
sobre
sentimientos animales, esos que
se
cursan sin palabras.
La
vocación y el humor, sólo existen en
nuestro mundo sostenido con palabras:
un mundo engañoso, extraño,
para
los animales.
Las
palabras también sirven como armas,
y
nosotros desarrollamos las mejores
y
más poderosas: Toda nuestra discreta
historia
se sostiene en ellas, es el rubro
de
la industria más desarrollado, y todavía
no
está dicha la última palabra.
El
amor y la guerra están presentes
en
todas las épocas de nuestra historia
poética.
Son temas excluyentes, y es posible
que
el amor a las armas haya sido el primero.
Pero
el amor es sólo una palabra
que
algún día caerá en el olvido
y
será superada.
Los
animales acaso ni se enteren, ellos
no
necesitan palabras para amar, ni humor
para
producir sentido.