(Epifanio Weber)
Ya no seré falaz ¿A quién le importa?
Hay bastantes falacias en el mundo,
replicables y escalables, -repito:
soy oriundo- circulando con total
normalidad.
Ya no seré normal, salvo error u
omisión. Las omisiones pasadas,
ya no las puedo ocultar.
Ya no seré normal,
no sé si me arrepiento:
Si te digo la verdad te miento.
¿Cuánto hace que alcanzamos
la total normalidad? ¿Estamos
en condiciones de afirmar?
No puedo prometer nada:
Lo prometido es deuda, y ya
tenemos más que suficiente.
¿Sabías que somos el único animal
que se endeuda? Ningún otro
conoce la deuda ni la practica:
Somos los únicos deudores nativos,
y somos deudores y acreedores
gracias a la fe, que nos distingue de
los otros animales.
Esas vidas subalternas, desprovistas
de fe, deambulan sin progresar, y sin
mucho que esperar: No cambian, no
registran evolución, no conocen el
valor de cambio.
La deuda es producto de la fe:
Nadie daría a nadie nada, si no creyera
fehacientemente en recuperarlo con
creces. Los intereses, sean simples o
compuestos, son una conquista humana
y un signo evolutivo.
El crecimiento es uno de nuestros más
altos valores: Sólo creemos en lo que
crece, y venimos a crecer, según creemos.
Somos deudores de la fe, que nos hizo
deudores y acreedores, condiciones para
el crecimiento patrimonial y la creación
de riqueza.
Somos los únicos creadores de riqueza,
tanto como de pobreza: El crecimiento
tiene un costo, pero los costos se amortizan
con la muerte.
Podemos emitir deuda, prometer mejores
tasas y creer en falsas promesas
y en tierras prometidas.