(Manuel Santos Lupanares)
Si la veo, ni le hablo.
Es más, ni la miro
si la llego a ver.
No sé si la volveré a ver,
pero si la llegara a ver
no sé, no podría decir
qué haría.
Tal vez, no tendría nada
que decir, pero si lo tuviera
no sé si se lo diría.
Si la veo, puede que haga
como que no la vi, y si te
he visto no me acuerdo.
No recuerdo cuándo fue
la última vez que la vi.
No sé si hablé de más,
o de menos, no recuerdo.
Pero no voy a repetirlo
si la veo. Hay cosas que
no se repiten.
Sólo las palabras se repiten,
con sus sílabas que también
se repiten en otras palabras.
En otras palabras, a las palabras
se las lleva el viento, que va y
viene pero no se repite, aunque
sigamos repitiendo esta frase
endecasílaba.
Si la veo, ni la miro ni le hablo.
Podría decirle te di mis mejores
sílabas ¿Y para que sirvió?
¿Para qué sirven las palabras,
me querés decir?
No, mejor ni pensar en palabras
y seguir contando sílabas, hasta
que no haya nada que contar.
No creo que nos volvamos
a cruzar, ni a cruzar alguna sílaba.