(Dudamel Rambler)
Cambiar es un verbo regular,
aunque podría no serlo
en el futuro: Por lo regular,
todo cambia:
Ni nosotros somos los mismos
de entonces. ¿Entonces qué?
Aceptamos que cambiamos,
para bien o para mal: Hacíamos
cosas que ya no hacemos, algunas
por no poder y otras porque ya no
nos interesan.
Los intereses cambian,
como las necesidades:
Las escenarios cambian
y las condiciones también:
Queda resignarse, y aceptar aquello
que no volveremos a repetir,
cuyo volumen crece y aumenta
inexorablemente.
Resignarse es una forma de adaptarse
a los cambios, y es también un cambio:
Antes, uno no se resignaba así nomás.
Hay cosas que no podemos cambiar,
la voluntad no cuenta. Los cambios
involuntarios van estrechando el margen
de la voluntad de cambio:
La realidad no ofrece muchas opciones,
hay que adaptarse a ella para sobrevivir,
moverse, para mantenerse activo,
ejercitar la memoria y otras funciones
antes de perderlas.
Nosotros, los de entonces,
ya no somos los mismos.
Los jóvenes de hoy, tampoco son los
de antes: Aquellos queríamos cambiar
el mundo, pero no funcionó.
Les dejamos esa tarea, junto
con un mundo en descoposición,
en avanzado estado.
Algo cambió, los jóvenes de hoy
tienen otras aspiraciones:
No quieren cambiar el mundo,
ni entenderlo o interpretarlo.
Quieren aprovechar las oprtunidades,
interpretan que es lo único que se
puede hacer.