(Ángel Salvapiedra)
No quise empedernirme,
le dijo al Salvador
la piedra arrepentida.
Arrepentirse es fácil,
decime algo que no sepa,
iba a decir Aquel
pero se contuvo:
No siempre hay que decir
lo que se piensa, pensó
el Supremo y lo acuñó:
Es palabra de Dios.
Él es justo, si algo es,
y sabe que si algo merece
ser salvado, son las piedras.
La piedra es ajena a la voluntad
de quien la arroja o manipula
para ponerla en el camino ajeno.
Hay caminos que nos son ajenos
a nosotros, hombres y mujeres
de bien o disidentes, unidos por
el verbo y el pecado:
Siempre fuimos pecadores
recurrentes, reincidentes y creemos:
Creemos que la vida es demasiado
corta y no tenemos tiempo
para arrepentirnos.
La piedra no tiene mucho para
arrepentirse, pero no pierde nada.
Una piedra embalsamada
conserva todas sus propiedades
sin necesidad de empedernirse.