(Tomás Mercante)
Se tenía fe cuando escribía.
Escribía con fe, una fe única
que nadie compartía.
No hace falta compartir la fe,
ni el goce que produce
escribir con esa fe:
Con esta fe escribía,
y más cuando fumaba.
Fumar y escribir son actos de fe.
Fumaba al escribir y escribía al
fumar, en simetría recíproca.
Es probable que sin fumar
no hubiera escrito nunca nada
que justificara semejante fe.
La fe no se mide, es como el humo,
pensaba, está en el aire:
Se inhala y exhala alimentando
sueños que se esfuman.
El humo hace visible el movimiento
de la fe, esa presencia expansiva.
Aspiro a compartir el cenicero
de Dios, y preguntarle, de paso,
un par de cosas.
Alguien lo desanimó: Ni lo sueñes,
para fumar hay que tener un cuerpo
de materia, más allá del deseo.
Él no es materia, ni conoce necesidad
alguna, y si es que fuma, seguro fuma
en pipa, como los buenos fumadores.
El cigarrillo es para los desesperados,
que se aferran al vicio pata mantener
la fe.