domingo, 26 de abril de 2026

Inmunidad poética

 

 

(Periferio Gómara)

 

¿Existe algo como la inmunidad

poética?


¿Puede vincularse a nuestro sistema

inmunológico?


¿Es lógico que cualquiera pueda

emitir un poema sin un motivo que

lo justifique?


¿Y si no fuera un poema validable

en toda su expresión y extensión?


¿Qué herramientas analógicas o

tecnológicas podrían prevenir al

lector incauto?


¿Disponemos de los recursos adecuados

para determinar cuándo la contaminación

visual y cognitiva producida es amortizada

por el hecho poético que promete el emisor?


Sin la información precisa, el lector incauto

yace inerme y hasta podría complacerse rn

la lectura de cualquier objeto textual que se

presente como poema, sin serlo ni poder

acreditarlo.


Bajo el consabido pretexto de que ningún

poema es para todos, se acepta la circulación

impune de toda clase de aventuras dudosas

que podrían ser percibidas como poemas.


Pero el poema es otra cosa, no se puede

meter todo en la misma bolsa y dejarlo

librado al juicio del lector:


El lector de poemas está solo,

en ese sentido, como en otros


¿Debe confiar en su propio sistema

autoinmune?

 

sábado, 25 de abril de 2026

Cuidado y mantenimiento de la bandera

 


(Serafín Cuesta)

 

Es saludable tener una bandera

que saludar. No importan los

colores, las formas y el tamaño:


La bandera nos cobija, y es prenda

de unidad. Basta reconocerla como

propia y reconocerse en ella

para ser reconocido.


Nuestra bandera es la única

en su género y eso es lo único

que importa.


Nuestra bandera nos reúne, como

se enseña en los claustros, porque

es nuestra enseña, representa nuestros

valores y nos diferencia de los que

tienen otras banderas, tanto como de

aquellos que no tienen ninguna:


Éstos son los más sospechosos:

Es difícil encontrar argumentos

que justifiquen esa falta.


Las banderas ajenas pueden según las

circunstancias históricas, reconocerse

amigas o enemigas o indiferentes, es

algo ocasional:


La Historia es dinámica y todos podemos

pasar de amigos a enemigos y viceversa.

Pero de aquellos que ostentan la falta de

bandera propia, no sabemos qué se puede

esperar.


Sabemos, en cambio, que de quienes

carecen de valores no se puede esperar

nada, a lo sumo algún ataque de falsa

bandera.


Todas las banderas merecen nuestro respeto,

algunas más que otras, hay que reconocer:

La bandera es más que un símbolo portátil:

El estandarte sirve para reconocernos y ser

reconocidos.


Tener una bandera es saludable, no importan

sus colores, formas y tamaño: Ella sintetiza

y expresa nuestra historia, y nos identifica

ante el mundo embanderado.


No importa que haya otras más bellas

y atractivas: Ésta es la nuestra, la tuya, la mía.

No me importa que nadie más la comparta:

Es mi bandera, mi prenda de unidad.

 

viernes, 24 de abril de 2026

Valores temporales

 

 

(Aurelio Herlein)

 

Entre negar y renegar

hay un paso, como

entre vertir y revertir.


Hay pasos que pueden omitirse

para ganar tiempo: El tiempo

ganado puede reinvertirse como

renegociarse. 


Siempre negociamos con el tiempo: 

Invertir es una forma de negociar, 

podemos repetir.


Si no fuera negociable, el tiempo

no tendría el valor que le conocemos:

su utilidad quedaría reducida al valor

de uso, tan acotado como subjetivo:


Un bien no transable, sin perspectivas.

Hay valores positivos y negativos,

podemos afirmar, gracias al intercambio.


Las emisiones que no tributan a alguna

forma de intercambio, no producen

utilidad, ni evolución, permaneciendo

indiferentes a la evolución del tiempo.


Hay pasos que pueden omitirse

para ganar tiempo: somos libres

de omitirlos y ganar y reinvertir

el tiempo ganado a voluntad.


De hecho, lo que llamamos voluntad

no es más que una forma de inversión.


Siempre hay alguien invirtiendo

para que hagamos una cosa, y no otra.

La voluntad es el resultado de una

suma de inversiones articuladas.


¿Existe la voluntad propia?


Podemos aceptar o rechazar, afirmar

o negar: Hay pasos que pueden omitirse.

Pero no podemos renegar de la omisión.


Las omisiones pasadas no se pueden

arrancar, ni ocultar.


La comisión de una omisión podría ser un

error no forzado, pero no es verdadero error,

salvo que se repita en el tiempo y se vuelva

inocultable.

 

jueves, 23 de abril de 2026

La condición deudora

 

 

(Epifanio Weber)

 

Ya no seré falaz ¿A quién le importa?

Hay bastantes falacias en el mundo,

replicables y escalables, -repito:

soy oriundo- circulando con total

normalidad.


Ya no seré normal, salvo error u

omisión. Las omisiones pasadas,

ya no las puedo ocultar.


Ya no seré normal,

no sé si me arrepiento:

Si te digo la verdad te miento.


¿Cuánto hace que alcanzamos

la total normalidad? ¿Estamos

en condiciones de afirmar?


No puedo prometer nada:

Lo prometido es deuda, y ya

tenemos más que suficiente.


¿Sabías que somos el único animal

que se endeuda? Ningún otro

conoce la deuda ni la practica:


Somos los únicos deudores nativos,

y somos deudores y acreedores

gracias a la fe, que nos distingue de

los otros animales.


Esas vidas subalternas, desprovistas

de fe, deambulan sin progresar, y sin

mucho que esperar: No cambian, no

registran evolución, no conocen el

valor de cambio.


La deuda es producto de la fe:

Nadie daría a nadie nada, si no creyera

fehacientemente en recuperarlo con

creces. Los intereses, sean simples o

compuestos, son una conquista humana

y un signo evolutivo.


El crecimiento es uno de nuestros más

altos valores: Sólo creemos en lo que

crece, y venimos a crecer, según creemos.


Somos deudores de la fe, que nos hizo

deudores y acreedores, condiciones para

el crecimiento patrimonial y la creación

de riqueza.


Somos los únicos creadores de riqueza,

tanto como de pobreza: El crecimiento

tiene un costo, como todo,  pero todo

se amortiza con la muerte.


Podemos emitir deuda, prometer mejores

tasas y creer en falsas promesas

y en tierras prometidas.



 

miércoles, 22 de abril de 2026

El cambio cultural

 

(Alí Carnazo)

 

Las culturas son dinámicas,

los valores humanos cambian

y se ajustan a los tiempos y

las nuevas realidades históricas.


Nos reconocemos como una

nación carnívora, con fuertes

tradiciones entrañablemente unidas

a la carne de mamífero.


No sólo supimos ostentar el mayor

consumo de ganado por cabeza, sino

que nos daba el cuero para ofrecer al

mundo los excedentes exportables de

nuestra carne, calificada como la mejor

del planeta de la carne.


Ésto nos ganó el respeto y la valoración

de las naciones hermanas, o no tanto y

el orgullo de sabernos la carnicería

del mundo, además del granero.


Pero algo ha cambiado, todo cambia

y es natural: el mundo nunca ha dejado

de cambiar, y nosotros tampoco:


No podíamos seguir comiendo la misma

carne; la carne cambia y es perecedera.


Muchos cambios culturales se están

produciendo en el mundo. Entre ellos,

los hábitos alimentarios que deben

adaptarse a las nuevas condiciones

que la dinámica de la evolución impone.


Es momento de apostar a la diversidad,

fuente de riqueza, y descubrir otros sabores:


La carne de burro es una buena opción,

sin salir de la tradición mamífera, y

merece una oportunidad.


Algunos ya la adoptaron con éxito:

La biodiversidad disponible enriquece

nuestro capital cultural y el abanico

de sabores que pueden sorprendernos

es casi infinito: 

 

Somos los más omnívoros y estamos 

diseñados para metabolizarlo todo,

o casi todo:  Aún no está dicha la

última palabra. 


Seguramente aparecerán otras opciones

en el horizonte de la carne, y habrá que

estar abiertos a las oportunidades para

seguir creciendo:


La cultura, la hacemos entre todos.

Somos muchos y diversos, y somos mucho

más que el número de cabezas de ganado

bovino, o porcino que abona estas pampas.


¿Sabías que la carne de sapo es apta para

consumo humano, rica en nutrientes, magra

y contiene todos los aninoácidos esenciales?


Además, es de fácil digestión y combate

el tránsito lento. No es cierto que produzca 

adicción, no hay evidencia científica.

 

martes, 21 de abril de 2026

El enemigo es otro

 

 

(Cipriano W. Cifuentes) 

 

El enemigo es otro,

no te distraigas,

no dejes que te engañen:


Sabe medrar con el engaño

el enemigo, no seas funcional

a la confusión:


Confundir al enemigo

podría convertirte en otro, e

incluso en enemigo involuntario.


Muchos enemigos actuales

empezaron así: por una distracción

se volvieron funcionales sin querer,

y a partir de la confusión fueron

cooptados por el engaño tornando

en enemigos que no se reconocen.


Es capital saber identificarlo

al enemigo, para poder reconocerlo

en cualquier condición, bajo sus

distintos rostros y ropajes.


No nos engañemos, el enemigo

es otro, siempre lo fue, y es preciso

reconocerlo correctamente, para

poder asumirlo sin fisuras engañosas

o funcionales.

 

Contaminación visual

 

 

(Sandalio Murchison)

 

Ojos eyectados de sus órbitas

como leyes lineales y ojivales

manumitidas por una Divinidad

desconocida. 


Ojos encintados como cuerpos,

sujetos a encantadas formas cintilantes

como cintas:   Vedlas tensarse hacia la 

luz:


dejan adivinar entrelíneas

el parpadeo divino irrepetible

y único.


Impares parpadeares

desde encintos cuencos

¡Oh bóvedas extintas!


Así es la luz, sus haces

y el divino desborde

que en nuestro verbo

reverbera.


Ved en torno a este cadáver

su versión suscinta a completar

en estas cintas que cintilan

y obedecen. 


 

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