(Ricardo Mansoler)
Hay palabras repetidas
en mis funciones.
Hay funciones repetidas
en mis palabras.
¿Cómo sé que eran las mías?
Hay palabras que no volveré
a repetir, o sí, aunque eso no
las haga mías.
Las palabras no tienen dueño,
a diferencia del mundo
y todo lo que conocemos,
para hablar con propiedad.
Hay libros que no volveré a leer.
Otros que no leí, y ya no leeré.
Puedo repetir sin copiar:
No se puede leer todo.
Hay otras cosas en que ocuparse.
Hay preguntas que no volveré
a formular, y fórmulas que no
volveré a repetir:
Somos libres de elegir
lo que deseamos repetir:
Los deseos se repiten
hasta cierto punto.
A esa altura, no podemos hacer
mucho más que repetir una pocas
cosas.
Hasta hace poco, yo memorizaba
un poema de un poeta muerto:
No es necesario, ya que tengo el libro
y sé que está en alguna parte. Uno es
lo que leyó, lo que olvidó, lo que vivió
o aspiró.
Míos son los libros que supe acumular,
aunque no vuelva a leerlos, ni los haya
leído.
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