(Encarnación Segura)
Como el que ve una vaca
atada y llora, porque
se quemó con leche.
¿O llora porque vio a la vaca
llorando y atada?
Es sabido que el llanto es contagioso:
Hay lazos que nos unen a los animales,
sean de sangre, de baba o de llanto.
¿O el destrato que la vaca atada sufre
lo conmueve hasta las lágrimas?
¿O por el contrario, llora por un motivo
ajeno a la vaca atada a su sujeción, una
pena que la sola imagen de la vaca atada
desató?
Hay muchos motivos para llorar
ante una vaca atada, aunque sepamos
que está bien adaptada a su función
productiva y reproductiva y se asume
como el recurso natural que es.
Nadie sensato y en su sano juicio
lloraría por una vaca atada, o no tanto.
Distinto es el caso del quemado: En
condiciones naturales, la leche no quema
por sí misma, ninguna leche quema
si no le hacemos nada.
El mamífero que se quemó con leche
tampoco es inocente, aunque llore
como esta vaca.
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