domingo, 22 de febrero de 2026

A la carrera

 

 

(Serafín Cuesta)

 

Hilvanaba saltos puntuales

como quien teje un surco

en su mañana.


Saltos infundados, espaciados.

Saltos salteados, hilvanaba

en su carrera sin destino.


Corría y saltaba sin detenerse,

cada tantos pasos de carrera

ocurría el salto.


Saltos desusados, por lo regular,

que repetía con una frecuencia

bastante regular:


Una intermitencia bien hilvanada

como si fuera un ritmo prefijado,

impuesto al movimiento vivo.


La continuidad contagia, como los

ritmos regulares que cursamos sin

conciencia, al hilvanar acciones y

pasiones grandes y pequeñas.


Todo cuanto hacemos y sentimos

se hilvana al ruedo del vacío:


Si no fuera por la gravedad, el salto

en largo o en alto sería un camino

sin retorno.


Los atletas olímpicos verían recortadas

sus ambiciones y aspiraciones de elevarse

y romper marcas. Cada salto sería único

e irrepetible, es decir insuperable.


Pero quien protagonizaba esta carrera

salteada no parecía pensar en eso.

Hilvanaba esa continuidad como quien

teje una mañanita sin destino.


El sentido es otra cosa: A esta altura

de la carrera, es posible haber perdido

el hilo, pero la continuidad está a salvo:


La repetición infundada hilvana la ilusión

de continuidad, por lo regular.


Si se busca el sentido, esa práctica anómala

podría ser un entrenamiento para el salto de

vallas.


Los saltos regulares, serían proporcionales

a la altura de las vallas imaginadas.

La imaginación puede completar lo que haga

falta para producir sentido.

 

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