(Serafín Cuesta)
Vacila al contemplarse
allá a lo lejos, anclado
en un silencio cómplice
y vacante.
Vacila en silencio, recordando
otros silencios como éste.
El silencio trae recuerdos
de esa tierra que fue suya.
La tierra tira, atrae.
¿Volvería?
¿Volvería a poseerla como entonces?
Aferrado a su adjetivo posesivo
se sincera en silencio como un niño.
Vacila sin saber, cual si fuese
la primera vez que se confiesa
ante el verbo transitivo.
Los recuerdos saben volver
sin que los llamen, como bacilo
al pago desflorado y desertificado.
¿Cómo no vacilar? No sabe
qué esperar a su regreso: Tal vez
nadie lo espere, ni haga falta
que regrese.
Contempla ambas opciones
como un huérfano no deseado
que vacila con propiedad.
Vacila al contemplarse preguntando
¿Sabré reir o llorar?