(Amílcar Ámbanos)
Entre los árboles monofolios,
es decir de una hoja,
me gusta el ombú:
Una especie autóctona
que aroma nuestras pampas.
No está sola la hoja del ombú,
sabe rodearse y suele tener cerca
a algún semejante: es un árbol
gregario y centenario que se extiende
a lo largo y a lo ancho de estas pampas
húmedas y nuestras, o no tanto.
Su hoja, además de única
es perenne, lo que garantiza
una sombra segura todo el año.
Esta condición, lo eleva por encima
de todos los foliados que necesitan
deshojarse como una margarita.
Una hoja, es más que suficiente
si se la sabe valorar y aprovechar.
Nosotros lo sabemos, salvando las
distancias tener un hijo es la mejor
decisión a la hora de reproducirse:
A él nos debemos, le damos todo
sin necesidad de repartir el amor,
ni otros bienes materiales que,
sin desmedro terminará heredando.
Cuando la descendencia es plural,
hay que dividirlo todo, y siempre
terminamos siendo injustos.
¿La unidad es una forma de justicia?
Tal vez no tanto, pero es bueno
que se junten y caminen de la mano
como hermanos.
Nuestras pampas tampoco son tantas,
en rigor el uso del plural tiene
un sentido metafórico, pero sus hijos
sabemos que pampa hay una sola,
como las madres.
La pampa es vasta, pródiga y fecunda.
Allí luce el ombú, sosteniendo su hoja
(no apta para consumo humano)
que es perenne y única y abunda.
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