(Aquino Lamas)
Me gusta cuando callo,
es mejor callar que encallar
en argumentos dudosos.
Me otorgo el beneficio
de la duda: Hay que saber
callar y otorgar.
Me gusto cuando callo
porque estoy como ausente:
Estar ausente es una forma
de estar, tal vez la más segura.
No sé, si me apuran
es posible que me ausente, o
acentúe ese estado sospechoso
de pureza.
Entre las emisiones libres
de impurezas, prefiero este silencio
cómplice.
No es mucho lo que podemos
hacer sin cómplices: A lo sumo,
algún poema dudoso de esos que
se hacen cuando no hay otra cosa
que hacer.
Ante la duda, mejor no pronunciarse
y guardar silencio.
Dicen que el que calla otorga:
Ahí me otorgo el beneficio de
la duda; hay muchas clases de silencio
y ninguno es igual a otro.
Los músicos desmenuzan el silencio,
saben medirlo y otorgarle distinto
valor:
Hay que sospechar de quienes miden
todo. Yo paso, tengo una medida que
respetar.
Respecto del silencio, circulan
distintas versiones, aunque el silencio
no circule: Se sospecha que quienes
callan, tienen algo que ocultar.
Yo siempre sospeché:
Con las personas silenciosas, nunca
se sabe: hoy te ocultan una cosa
y mañana otra.
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