(Serafín Cuesta)
Como el que se deja llevar
en un sentido, para evitar
los otros y salvarse.
Se deja llevar en orden
por el orden, para evitar
ser atraído por desórdenes:
Se abandona a ese orden
que lo lleva directamente.
Como aquel, que no es otro
que ese que se entrega
y es llevado por las fuerzas
del orden.
No se resiste, se deja llevar
por ambos verbos
que convergen en el sentido
correcto, que no es éste,
sino ése que por el contrario,
evita lo evitable de los desvíos,
lejos de toda salvedad.
No se vuelve, no recuerda nada.
No hace falta revolver el pasado:
Ya no está, fue vaciado y removido:
La vida es movimiento y repetición.
El orden es hijo de la repetición.
Había que dejarse llevar,
ahora reconoce el alivio:
No se llevaba bien con las tensiones
de lo ambiguo, esa intensidad
que desordena los sentidos.
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