(Carlos Inquilino)
Como el que hereda un edredón,
un edredón usado, acaso ya heredado.
Como el que saca a relucir a la vereda,
a ventilar ese edredón que heredara.
Orea ese edredón de plumas,
algo ajado, desplumado y un poco
apolillado, pero digno como heredad.
La dignidad no es algo que se herede,
como un edredón o una corona.
Él lo valora, más allá del valor material
es su herencia, y cada uno hereda
lo que puede.
Si tuviera un hijo, podría heredar
este edredón: pero no tengo, piensa:
Sólo tengo este edredón de plumas,
semidesplumado, ahora oreado.
Lo que se hereda no se roba,
aunque algunos heredan lo que otros
robaron.
Hay que se digno de lo que se hereda,
para merecerlo: Cada uno hereda lo
que merece.
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