(Serafín Cuesta)
Escribía buenos poemas,
pero no podía fundamentarlos.
Lo advirtió, aunque no consiguió
superarlo y al fin abandonó esa
práctica para dedicarse en pleno
a su verdadera vocación:
Como escribano,
disfruta cada escritura
como si fuera la última,
y todas sus certificaciones
como si fueran poemas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario