martes, 9 de junio de 2026

El valor de la experiencia adictiva en la cadena de valor

 

 

(Elpidio Lamela)

 

Supo heredar esa adicción,

algo dudosa pero autóctona.


Una adicción pasiva, latente,

en buen estado.


Así, la hereda y la hace suya:

la activa, como si fuera una

adicción nativa.


No conforme, la desarrolla

y logra superarla.


Pero no sólo la supera, sino

que la perfecciona:


es un perfeccionista nato, aunque

no lo sepa (hay cosas que no hace

falta saber y nadie sabe para qué

sirven)


No se detiene en la perfección

y va por más: sigue avanzando

hasta enriquecerla:


Le agrega valor, eso lo satisface,

pero comprueba que su adicción ya

no es la misma, aunque siga siendo

suya, acaso más que la heredada.


Desde su experiencia adictiva, tal vez

única e inapropiable, concluye ahora

su tesis filosófica, que deja como legado

a futuras generaciones de herederos:


Somos la herenca genética que recibimos

más el valor que sepamos agregarle, o

restarle. Nada puede permanecer idéntico.


La vida no es sólo un campo de batalla

para emprender la lucha contra el prójimo.

Es también un caldo de cultivo para el

desarrollo de vicios y virtudes:


Ambos, perfectamente superables.

 

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