(Antenor Sideman)
Sus expresiones no dejaban
un verdadero resquicio para
la duda.
Sin embargo, siempre hay
quienes pretenden ver más allá
de lo que dicen las palabras.
Así, no faltó quien maliciara
que el hombre no tenía opinión
formada sobre nada, y para
ocultarlo se valía de formas
aforísticas.
Él no solía vacilar, sus respuestas
eran contundentes y taxativas.
Ante una pregunta opinable
acerca de una valoración personal
respondió sin rodeos:
No comparto mi opinión.
El señor K.K. era un hombre
de palabra, y como tal, la cumplió
sin dobleces, era indoblegable.
Luego, nadie pudo conocer
si tenía opinión formada, propa
o adquirida.
O si, por el contraro, empleaba
todo su coeficiente intelectual
y sus recursos cognitivos
en el desarrollo de la produccíón
aforística.
Con los hombres de palabra
nunca se sabe.
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