(Amílcar Ámbanos)
¿Perdiste la brújula en el océano?
¿Bebiste de más, en solidaridad
con el líquido para sentirte océano?
¿Creíste que, como el tiempo, era
un viaje de ida, el océano?
¿Bebiste de menos por temor
a perder el control en el océano?
¿Salvaste el control, pero perdiste
la brújula en el océano?
Siempre hay algo que perder
cuando se trata de mantener a salvo
algo.
Las brújulas no son alimento
para océanos: No las metabolizan
ni las necesitan ¿Sabés lo que
hacen con ellas?
Las dejan decantar en lo profundo,
en lo más insondable e impracticable
de su fondo oceánico.
O sea: Ahí yacen para siempre, junto
a los sueños perdidos de los náufragos.
No pierdas la esperanza.
Tal vez, algún día el océano se seque
y recuperes tu brújula.
Ninguna pérdida es definitiva,
la esperanza es lo último que se pierde.
Dejala decantar: Con dejar decantar
nada se pierde.
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