(Enzo Brando)
Se disparan las tasas
con sus asas y sus eses,
se disparan como setas
disparadas al azar.
Se disipan las sospechas
que pesaban sobre el líquido
y fluyen los activos hacia el cielo
con la evanescencia deseada.
Hay señales y señuelos,
algunas se florean y florecen
agitando pañuelos sospechosos.
Otras apenas se meneas, avidosas
como flores en vísperas
de su desfloración primera.
Se dispara la disparidad
como era natural, entre el placebo
anegadizo y soberano en ejercicio,
unido y fiel a tanta promesa vana.
¿Es el amor que pasa? ¿O son sólo
los efluvios de sus haces y sus heces?
¿Cada cual tiene lo que merece?
La disipasión de las sospechas
favorece el cultivo de nuevas pasiones
cuyo valor el tiempo determinará.
Hay que confiar en los buenos tasadores
antes de enajenar nuestros bienes,
que tampoco son lo que eran, sospechamos.
Sólo los vivos sospechan de los muertos,
es lo más seguro.
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