(Manuel Santos Lupanares)
Cuando yo vine al poema
nadie me estaba esperando.
No me lo esperaba, después
comprendí que no era nada
que no fuera natural:
Nadie espera nada de un poema,
hay otras cosas que esperar:
el tren, el ascensor, un crédito
o una revelación.
Nadie espera una revolución
adentro de un poema, tampoco
afuera: Hay otras cosas que no
pueden esperar.
No se los espera a los poemas,
a lo sumo se los mira de reojo
o se los lee al pasar. Los poemas
están de paso por la vida del lector.
Salvo en el caso del lector de poemas,
que los lee con fruición, esperando
algo más, que justifique ese tiempo
que perdió leyendo tantos.
Cuando yo vine al poema
nadie me estaba esperando:
Yo hubiera hecho lo mismo,
no había mucho que esperar.
Nadie no es lo mismo que nada
¿Es más, o es menos?
Ahora no sé, pero cuando yo
vine al poema no sabía lo que
me esperaba:
No me esperaba nada, ni vestigios
o excesos vestigiales de materia
parasitable o restos de otros poemas
como éste que no es el que esperaba.
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