(Isnaldo Montalbán)
Había olvidado el nombre de ese pez,
cursaba una laguna
pero me había empecinado en
recuperarlo y lo tenía en la punta
de la lengua.
Atando cabos, recordaba que era
un pez sin lengua y descarté al besugo,
reconocido por su carne y sus besos
de lengua, y al lenguado.
Tenía su imagen en la memoria,
pero hacía agua con el nombre.
No era para desesperar, tampoco
es que uno sepa tanto: Son bastantes
y no sé los nombres de todos
ni soy aficionado a la pesca.
Aunque a ese lo conozco
y en algún momento lo recobraría:
Los peces son así, escurridizos,
van y vienen como olas.
Pero todo está guardado en la memoria,
ahí hay de todo, hasta las cosas más
inútiles.
Ellos tienen la suya, también, como
cualquier criatura con metabolismo
-hasta el pez bola-
Y no quieren volver a ser pescados.l
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