miércoles, 23 de julio de 2025

El fin de la conquista

 

(Eva Evans)

 

Conquistar es humano,

acaso más que otros verbos.


El hombre es un conquistador nato,

como sabemos gracias a nuestros 

conquistadores.


Ya antes de conquistar la conciencia,

conocía el sabor de la conquista,

y de otros animales ricos en proteínas,

que pudo disponer y saborerar gracias

a la conquista del fuego.


¿Fue el fuego lo que nos hizo humanos?


Al calor del fuego, el hombre devino

en un conquistador temible, y vio que

era bueno conquistar.


Con una conciencia aún incipiente,

entendió que tenía todo por conquistar

y que ese era su mandato divino, o al

menos biológico.


Nunca se detendría, no podía hacer otra

cosa, ya que era el elegido para hacerlo:

Estaba escrito, con sus propias palabras.


El lenguaje, esa conquista humana tan

propia y exclusiva, ya evolucionado en

escritura, le servía para legitimar todas

sus conquistas, tanto como para justificar

nuevos emprendimientos:


La violencia, bien podía entenderse y ser

aceptada como un recurso natural para

el desarrollo que era necesario conquistar:


El fin justifica los medios, y si hay un fin

propio de la condición humana, eso es

la conquista.


Si se mira con sensatez, de un modo

crítico y desapasionado, en la Naturaleza

todo es conquista. Las especies conviven

aceptando esas leyes:


Unos son alimento de otros, que dependen

de otros, que, a su vez dependen del reino

vegetal. Animales carnívoros y herbívoros

están por debajo nuestro en la cadena trófica:


Somos omnívoros, en nuestros platos

hay lugar para todos. No se conocen plantas

herbívoras, pero fuera de ese detalle menor,

todo el Orden Natural es dependencia, y las

leyes del intercambio las fija el conquistador.


La evolución hizo su trabajo, y el hombre

no tardó en conquistar a las diversas especies,

ganándose el respeto de toda la familia animal.


Pero la impronta evolutiva no iba a detenerse,

ni la voluntad superadora del conquistador nato:


Sin predadores, ni enemigos a la vista, el humano

emprendió su propia conquista: Sólo una especie

superior podría hacerse cargo del control de su

propia población y contribuir a la selección natural

 

a la que tanto se debe.

 

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