(Isnaldo Montalbán)
Un sapo puede desafinar
como cualquier cristiano,
pero eso no lo hace menos
merecedor del cielo.
Algunos no tienen afinidad
con el sapo, no lo encuentran
atractivo ni les despierta mayor
empatía:
No esperan encontrarlos en el cielo.
Pero el canto es un derecho divino,
gozado por una parte de loa animales,
como el movimiento autónomo
y la propiedad.
Los que no cantan, porque no quieren
o no gozan de esa propiedad, pueden
compartir el goce del otro, o padecerlo
en libertad.
Quienes poseen oído absoluto
son más propensos al padecimiento.
Pero no son muchos, entre nosotros,
mientras que de los sapos no hay registro.
En cuanto al cielo, quienes muestran
rechazo por el canto batracio pueden
mantener la calma: Allí nadie canta,
aunque hay libertad; no se piensa en eso
porque no es posible: El canto es sólo
una emisión de la materia, como el poema,
y sólo es posible lo pensable.
Además, tampoco existe el tiempo,
ni la necesidad de ocuparlo
con pasatiempos opinables como la lectura
o manufactura de poemas, el canto
y el trabajo.
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