(Onésimo Evans)
Legítimos tubérculos
expuestos a la acción intermitente
de preguntas simultaneas mantienen
la actitud pasiva sin turbarse.
Mantienen el pulso en unidad
aunque las pulsiones no son las mismas.
Nosotros, los de entonces, tampoco.
La estabilidad puede prolongarse,
pero la legalidad no es segura,
Está sujeta a alteraciones del orden
temporal.
No son tiempos de definiciones,
pero es legítimo que un inmigrante
legal, pase a ser lo contrario.
Hay que adaptarse, aceptarlo, o pasar
a la clandestinidad, que no pregunta
y es parte del sistema binario.
El tubérculo no deja de ser
tubérculo por donde se lo mire,
y está en su legítimo derecho,
sea nativo o de origen dudoso.
Tiene derecho a permanecer ajeno
y ampararse en un silencio opinable
o punible: Todos son sospechosos
de complicidad.
La legitimidad es una voz, una paalabra,
menos que una mota de polvo cósmico
depuesta.
Los tubérculos van y vienen
bajo la tierra, abonada por distintas
capas de estiércol discursivo,
legítimo o dudoso.
A la sombra del tubérculo nativo,
todos somos inmigrantes, algunos
más legítimos.