jueves, 1 de octubre de 2026

Legítimos tubérculos

 

 

(Onésimo Evans)

 

Legítimos tubérculos

expuestos a la acción intermitente

de preguntas simultaneas mantienen

la actitud pasiva sin turbarse.


Mantienen el pulso en unidad

aunque las pulsiones no son las mismas.


Nosotros, los de entonces, tampoco.

La estabilidad puede prolongarse,

pero la legalidad no es segura,

Está sujeta a alteraciones del orden

temporal.


No son tiempos de definiciones,

pero es legítimo que un inmigrante

legal, pase a ser lo contrario.


Hay que adaptarse, aceptarlo, o pasar

a la clandestinidad, que no pregunta

y es parte del sistema binario.


El tubérculo no deja de ser

tubérculo por donde se lo mire,

y está en su legítimo derecho,

sea nativo o de origen dudoso.


Tiene derecho a permanecer ajeno

y ampararse en un silencio opinable

o punible: Todos son sospechosos

de complicidad.


La legitimidad es una voz, una paalabra,

menos que una mota de polvo cósmico

depuesta.


Los tubérculos van y vienen

bajo la tierra, abonada por distintas

capas de estiércol discursivo,

legítimo o dudoso.


A la sombra del tubérculo nativo,

todos somos inmigrantes, algunos

más legítimos.

 

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