(Serafín Cuesta)
No me comprometo a nada,
dijo el escritor comprometido,
preguntado sobre la naturaleza
de su compromiso.
Se reconocía comprometido,
aunque no era reconocido:
No lo necesito, el verdadero
compromiso tiene dos caras,
como toda relación binaria.
Yo también, y asumo sin fisuras
mi compromiso con la ambigüedad,
lo que no es poco en estos tiempos.
Las relaciones de compromiso
suelen ser asimétricas. Luego,
está la relación que cada uno
entabla con el compromiso:
Todo compromiso es subjetivo,
es una necesidad del sujeto para
referenciarse y gozar del sentido
de pertenencia:
Pertenecemos a una especie
qu responde a la necesidad del goce
y lo busca por doquier, como puede.
Nos comprometemos con una causa
u otra, , con los colores de nuestro
club, con una ideología que nos dice,
ésta es una causa justa.
Todo compromiso es arbitrario,
por necesidad. Tan arbitrario como
el amor: No sabemos por qué, esa
persona nos atrae más qu otras, nos
enamoramos y nos comprometemos
con ese sentimiento que no tiene
explicación, y acaso responda a
cuestiones biológicas y culturales.
Comprmeterse es resignar libertad,
para entregarla a ese objeto elegido.
En el acto de escribir, todo está
comprometido, desde el propio cuerpo.
Hay un compromiso con la palabra
que es constitutivo del sujeto que escribe.
Más significativo en la práctica poética,
que es la más subjetiva.
En relación a mi experiencia, al escribir
procuro librarme de cualquier compromiso
subalterno u oir a las palabras, observar
lo que hacen por sí mismas, cuando no
están sirviendo a otro fin.
Ese es mi compromis.
No hay comentarios:
Publicar un comentario