(Alí Carnazo)
El desarrollo de la velocidad
parece imparable y parece estar
fuera de control.
A veces, no hay tiempo de detenerse
a pensar. El que se detiene, pierde,
tal es el mandato de los tiempos que
corren.
La realidad cambiante, exige una
adaptación continua, y los recursos
tecnológicos imponen el ritmo que
hay que seguir, para no quedar afuera.
Afuera esw noche, intemperie, soledad
y muerte: Nadie quiere morir solo.
En las últimas décadas, hubo más cambios
en la vida cotidiana del hombre civilizado
que en siglos.
No se puede predecir los cambios
que vendrán, acaso sin que alcancemos
a percibirlo. La aceleración está fuera
de control.
Hay que gozar el presente, que es efímero
pero es lo único seguro, es lo que hay.
Contamos con con el soporte tecnológico
para acceder a casi todo al instante, y
mantenernos actualizados.
Estamos siempre conectados: Nadie se
salva solo, aunque sabemos que estamos
siendo cada vez más controlados por los
mismos que nos habilitan el goce.
La tecnología generó adicción y nos hizo
dependientes, aunque ya antes conocíamos
la dependencia y siempre funcionó.
Ahora no es tiempo de pensar en eso:
Afuera es noche, oscuridad y muerte,
sin desarrollo, ni condiciones para acceder
al goce.
Pronto contaremos con instrumentos
diseñados para medir el goce, disonibles
con solo bajar la aplicación.
Lo que no se puede medir, no existe.
No se puede gozar sin medida
y no hay mucho tiempo para pensarlo.
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