(Manuel Santos Lupanares)
Hincó su hocico en el océano
hozando mudamente con su hache,
con el vértice anterior a la oración,
como quien busca un argumento
sólido para aliviar su sed
ante el silencio oceánico.
El agua es pródiga en respuestas
para los que tienen sed de dios.
La sed es emanación divina, pero
el océano no sacia: No por ser el
que es, son por la sal, que le es
constitutiva.
Los peces están acostumbrados
a la sal marina, y no padecen sed,
salvo en casos patológicos.
La sal es un compuesto natural,
es anterior y preexistente a nuestras
oraciones.
De ella no podemos decir nada,
como buenos cristianos bautizados
valoramos su presencia divina
tanto en el agua como en la tierra.
Alguna vez sirvió como moneda, pero
la sales mucho más que un producto
comercial.
Hozaba con lo mudo de su hache
en la superficie del silencio oceánico.
Como quien osa presentar su hocico
en desarrollo y preguntar por la necesidad,
con la misma hache del verbo hosannar.
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