viernes, 18 de septiembre de 2026

Soledades (Versión desmejorada)

 

 

(Tomás Mercante)

 

 

Cuando yo vine a este mundo

nadie me estaba esperando,

arranca el poema de Guillén


El enunciado de sus versos

es claro, inobjetable,

también su calidad.


Pero al margen del valor poético

y el sentido metafórico, no puede,

lo dicho ser verdad.


Nadie nace solo, siempre hay alguien

esperando, aunque no necesariamente

sea lo que esperábamos.


Si no hubiera nadie, sin ese otro,

no sobreviviríamos más de unas horas:


Somos el animal más dependiente

al nacer, y la dependencia nuestra

es la más prolongada.


Luego, hay quienes nacen porque no

pueden esperar, o porque los empujan

a nacer por necesidades administrativas.

No se pude hablar de voluntad propia.


Ni siquiera elegimos al espermatozoide

que fecunda el óvulo para que nazcamos

a otra forma de dependencia.


Es decir, estamos solos al nacer

y al morir. Entre ambos extremos

cada uno hace lo que puede

para tramitar su soledad y compartirla

parcialmente.


Hay soledades más y menos justas,

dicen los que conocen la soledad

del éxito.

 

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