sábado, 19 de septiembre de 2026

Patologías poéticas: el comrpmiso excesivo

 

 

(Elpidio Lamela)

 

Dr., yo soy poeta, como ya

le confesé, pero a veces, siento

que no tengo nada que decir,

y quisiera ser honesto.


-Lo entiendo, los poetas, al igual

que nosotros, trabajamos con la

palabra, y es normal que, a veces

no tengamos nada que decir.

No sé ¿A usted qué le parece?


-Sí, pero usted puede hacerlo, en cambio

un poeta tiene que producir algo material

que justifique su condición.


-Sí, en nuestra profesión no es necesario

hablar mucho, priorizamos la escucha

y sólo decimos lo justo y necesario,

o ni eso: ¿A usted qué le parece?


-Está bien, ustedes tienen ese recurso,

pero los poetas sólo se escuchan a sí

mismos, y ante el silencio no podemos

callar, seamos honestos.


-En ese caso, tendría que plantearse

qué es lo que más le importa ¿Ser poeta

o ser honesto?


-No, yo quiero ser un poeta honesto .

Quiero ser honesto conmigo, de modo

que al leerme sientan que leen a un poeta

honesto, aunque no sea más que eso.


-A ver, tal vez tendría que revisar un poco

esos conceptos. En realidad, sólo hay dos

clases de sujeto capaces de armar un buen

discurso sin tener nada que decir: Políticos

y poetas, unos para conquistar electores,

otros para conseguir lectores. ¿Cuál cree

que es más honesto?


-No sé, Dr., yo soy poeta, no puedo emitir

un juicio justo.

 

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