(Aquino Lamas)
Nunca tengas como amigo
a quien no sea mejor que vos.
La sabiduría de esas palabras
de Confucio me pareció acertada:
La adopté, y durante un tiempo
seguí ese principio con sumisión
devota y fehaciente.
Después no sé qué pasó, y empecé
a sentir que no me valoraba
lo suficiente. Mi autoestima estaba
por el piso, y declinaba.
Por suerte tenía buenos amigos,
pocos pero buenos, en quienes
refugiarme y compartir mi desazón.
Pero llegué a sentir que todos
eran mejores que yo, y fui cayendo
en una especie de pozo depresivo:
No podía estar conforme con esa
situación, ni conmigo mismo, era
penoso para todos. En fin:
Los amigos se cortaron
al verme tan afligido
y yo me quedé en el nido
empollando mi confusión.
Al final, sentía que estaba solo
y abandonado por culpa de Confucio,
y lo abandoné.
Fue un alivio: Pude recuperar mi
autoestima a valores normales, y
en poco tiempo hice otros amigos.
No son gran cosa, tanto que el mejot
entre nosotros, soy yo.
Ellos lo reconocen y me valoran
como merezco.
No te confundas, elevar la vara
puede conducirte a una soledad
sin retorno. No hagas como yo,
no le hagas caso a Confucio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario