(Amílcar Ámbanos)
Parásitos alados cual libélulas
basculan por toda la superficie
del aire, pivoteando o vacilando.
Dominan el área aerea, aunque
no percibimos sus movimientos,
ya que se mimetizan con el aire.
Mientras acá penamos, cargando
con la torpeza de nuestros cuerpos
en su lucha por la vida, ellos
progresan airosos en el éter.
Dicen que los parásitos alados
preexistieron a los dinosaurios
y a los peces, pudiendo representar
la forma de vida más antigua.
No lo sabemos, el conocimiento
humano es acotado, y termina
en especulaciones difusas.
¿Existe un paraíso para parásitos?
¿Un paraíso exclusivo, al que sólo
acceden los buenos parásitos?
No hay certezas respecto al paraíso.
Sólo conocemos bien a parásitos
mamíferos, de los que dependemos.
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