martes, 5 de mayo de 2026

Lo que enseña la calle

 

 

(Florencio Cusenier)

 

Todos oímos hablar de la

universidad de la calle, ciertamente

un exceso retórico para justificar

la ignorancia.


Nadie ignora que el hombre

es el único animal capaz de

justificar todo lo que hace.


¿Un crimen pasional? ¿Una pasión

desbordada? ¿Un exceso de amor?

¿Actuó bajo un impulso emotivo

fuera de control? ¿Un exceso en la

legítima defensa?


Para esas cosas, contamos con la labor

de una justicia independiente, que

establece los límites del exceso.


Pero más allá del exceso verbal, no

se puede negar que la calle es una

fuente de conocimiento, un lugar

donde siempre se aprende algo, si

se está dispuesto.


Ayer, estando en la calle, vi a un hombre

adulto paseando a su perro, al parecer

un perro adulto.


El hombre tosió, el perro estornudó:

Nada fuera de no normal en el concierto

de emisiones de los transeúntes, sean

cuadrúpedos o bípedos.


Poco después, el hombre estornudó

y el perro no, y tampoco tosió.


Dicen que las mascotas, terminan

pareciéndose a sus dueños. Yo también

lo creía, después de haber observado

durante muchos años esa semejanza.


Ahora estoy pensando que tal vez

no sea así, sino lo inverso, y en realidad

somos nosotros los que nos vamos

pareciendo, cada vez más, a nuestras

mascotas.

 

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