(Amílcar Ámbanos)
Hay que saber expresarse
con propiedad, si uno quiere
llegar a algo en la vida.
Hay quienes no quieren,
ni quieren saber nada: Reniegan
de las propiedades del saber, y la
necedad los termina convirtiendo
en resentidos.
No entienden, ni valoran
todo lo que tenemos en común
los seres vivos, en sus distintas
expresiones.
Hay conductas, necesidades
compartidas, y emisiones que nos
son comunes y se contagian, más
allá de la conciencia:
Un gato puede bostezar y contagiarnos
aunque no sea el propio y se trate sólo
de un gato de la calle, que también
bostezan.
Lo mismo ocurre con un perro
u otros mamíferos conocidos.
No sólo ellos, también una tortuga,
una culebra, un pez…
Ocurre que no son especies tan
frecuentadas o próximas como
nuestras mascotas.
Si no fuera por las limitaciones
físicas y morfológicas, cualquier
insecto nos contagiaría su bostezo
y viceversa.
¿Por qué no, una hormiga?
No, tal vez no sea una buena elección
para ejemplo, casi todas pertenecen a
la clase trabajadora, y no tienen tiempo
para bostezar.
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