(Serafín Cuesta)
Opíparos parásitos
habitan avidosos
órganos, glándulas, orgánulos
y tejido conectivo.
Estamos conectados, compartimos
citas memorables, o no tanto
con éxito.
Nos excita el éxito, propio
o ajeno, que expresa la función
parasitaria.
Nos reconocemos en citas
como ésta, que reproducimos
para ser citados.
Para citar, hay que tener memoria.
No mucha, la suficiente para gozar
del éxito desde las conexiones
neuronales del parásito superior.
Opíparos parásitos recorren órganos
y cuerpos avidosos, como aquel
fantasma que recorría Europa.
Ellos transmiten y difunden
el mensaje divino aquí y allá,
cumpliendo su función.
Así como en el cuerpo del poema,
a imagen semejanza.
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