(Isnaldo Montalbán)
No
dejes que otros
te marquen la agenda.
No
permitas que nadie
te
imponga una agenda
ajena.
Siembra
tu ajenjo
y
cuida tu parcela:
Eres
lo que siembras.
Rechaza
al invasor,
no
agencies tu confianza
ni
la vendas al mejor pastor.
No
es sano enajenar deseos
y
voluntades en agendas
cuya
propiedad no gozas.
No
alimentes el goce del otro.
No te dejes invadir por quienes
buscan
imponer su agenda
e
incorporarte a su goce dudoso.
No
dudes en rechazar cualquier
imposición,
por bien presentada
que
parezca:
detrás
de la intromisión encubierta
hay
una invasión no deseada.
¡Ya
despierta!
Tu
agenda te pertenece: es acaso,
lo
más propio y único que te queda
como
sujeto o aspirante:
Defiende
su propiedad sin vacilar.
No
seas presa de los que medran
con
debilidades ajenas.
Refúgiate
en tu propia intimidad
inapropiable,
no importa su valor
de uso ni
el nombre que le pongas.
Bebe
tu ajenjo y cuida tu parcela
(Puedes
sembrar melisa, salvia o
marcela,
u otros cultivos amigables.
Tu
ajenjo lo agradecerá, no es bueno
que
esté solo)
No
estés solo, ni ocioso.
Evita
los hábitos nocivos,
no
incorpores lo que no conoces.
Conócete:
El conocimiento es la mejor
arma
para defenderse del enemigo
externo y
su proyecto invasivo en
expansión.
Controla
el contenido de tu agenda
y
elimina el material sospechoso.
No
alimentes el goce del otro,
ni
siquiera lo conoces.
No
dejes que nadie te imponga
ninguna
agenda ajena. No es sano
enajenarse, ni reconocerse en valores
ajenos al propio cultivo.
No
seas parte de agendas sospechosas,
no
te conviertas en cómplice de otros
sin
necesidad.
Agéndalo,
si te resultó útil.
De
lo contrario también,
nunca
se sabe.