(Manuel Santos Lupanares)
Había escrito un poema
inverosímil sin percatarme
Pero después lo probé y observé
que era dudoso para ser poema:
Era, sí, demasiado inverosímil.
Entonces puse manos a la obra
y lo verosimilicé, tuve que
reformularlo para reconvertirlo.
Lo volví a probar y funcionaba,
era tan verosímil , que hasta yo
llegué a creer que era un auténtico
poema.
Sólo que yo sabía que había sido
intervenido y manipulado, y que
el original era el otro: ese era
el verdadero.
Pero sólo yo lo sabía, y nadie tenía
por qué saberlo ni sospecharlo:
Era perfectamente verosímil
que mi intervención pasara inadvertida
para el lector, y lo consumiera como
si fuera un poema genuino, original
y verdadero.
Es difícil detectar el engaño
en un poema cuando cumple todos
los requisitos y funciona como
lo hacen los poemas.
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