(Serafín Cuesta)
El poema es una oportunidad.
Antes de leerlo, antes de escribirlo,
incluso antes que cualquier otra
cosa es una oportunidad.
Ya antes de emitirlo y editarlo
como se lo ve, el poema existe
como oportunidad, así como
tantas otras oportunidades.
Hay quien dice que no son
lo que parecen, o más aún,
que las oportunidades no existen:
No serían más que un artificio
semántico, un recurso de naturaleza
ideológica para justificar ciertas
práctcas propias de las relaciones
asimétricas adoptadas como normales,
bajo enunciados dudosos tal como
la igualdad de oprtunidades.
No podemos negar que el negacionismo
es una oportundad, como el poema
con o sin ideología.
Las ideologías existen, son innegables
como la necesidad, y las necesitamos
para integrarnos al mundo y participar
de la realidad:
Todas las relaciones que trabamos
tienen un componente ideológico,
que incluso puede ser el único.
No hay sujeto sin ideología,
ni ideología sin sujeto.
Así, la ideología es también
una oportunidad para el poema;
quien lo probó lo sabe.
Del mismo modo, resulta oportuno
no desestimar la oportunidad del otro,
el poema que prescinde y se declara
libre de contaminacón ideológica:
un posible poema sin palabras
y mayormente prescindible.
Las oportunidades son así, ofrecen
opciones en un sentido y otro,
cada uno aprovecha lo que le sirve.
¿Para qué sirven las oportunidades?
Todavía no sabemos, es una buena pregunta.
Pero sabemos que existen, tanto como
los poemas, la ideología y la necesidad.
Acaso, sean anteriores a estos tres
y a su propio significante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario