(Isnaldo Montalbán)
Si sumáramos todos los rincones
del mundo, obtendríamos
una superficie inabarcable,
para no hablar de volumen.
Luego, si sumáramos a todos
los que habitan algún rincón
del mundo, resultaría una cifra
abrumadora, para no decir
excluyente.
¿Podría, ese número, incluirnos
a todos los presentes?
Tal parece que sí,
y me temo que por eso
nadie en su sano juicio
se ha atrevido nunca
a expresarlo en estos términos:
¡Arrinconados del mundo, uníos!
Como consigna revolucionaria
no es una desmesura, aunque
habría que desocupar todos los
rincones del mundo, y son muchos:
¿Quién sabe cuánto tiempo
demandaría esa empresa?
Pero no es para desesperar,
las revoluciones llevan su tiempo.
Tampoco es para confiar demasiado
en el sano juicio de los que lanzan
a circular consignas caprichosas
desde algún rincón del mundo,
sin ningún tipo de control.
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