(Elpidio Lamela)
El acceso al goce, se vincula
a distintas prácticas por todos
conocidas y más o menos
frecuentadas.
Algunas incluyen al otro, aunque
no es condición excluyente
ni necesaria.
¿Compartimos el goce?
No, compartimos su búsqueda,
no el goce en sí mismo, que es
una sensación individual
y forma parte de la intimidad
inapropiable del sujeto.
La percepción del goce del otro
puede incrementar el propio:
Esa dependencia es lo único
que se puede compartir.
El goce es individual, asocial:
Sólo la disipasión es social, y
el trabajo alienado.
Sólo gozo solo, reza un discurso
patológico: ¿En qué momento
advertimos que nuestro goce
comienza a rozar lo patológico?
¿Hay una autocensura para evitar
el riesgo de la corrupción del goce
y resguardar su pureza?
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