(Tomás Lovano)
Cardo anacarado
a la diestra del Padre.
Padre demacrado
a la siniestra del su cardo:
un cardo santo anacarado.
¿Son felices?
En el nombre del Padre
y del santo anacarado
son tan felices como
cardo y padre pueden serlo.
¿Quién adoptó a quién?
En la Sagrada Familia
eso no cuenta: se reconocen
como familia alternativa.
El cardo anacarado permanece
en pie, sin separarse de su padre.
Es más que un cardo anacarado
y santo, es un cardo enamorado.
La enamorada del muro es su amor
no correspondido. El amor es así:
Una flecha no elegida que el azar
dispara y desangra el corazón
del santo cardo.
¿Sería más feliz
si pudiera arrancarla de raíz
de su corazón anacarado?
Seríamos todos felices
sin ese muro, piensa el cardo.
El Padre no puede hacer nada,
aunque lo ame como nadie
amaría a un cardo en su sano
juicio.
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