martes, 6 de octubre de 2026

Privaciones naturales y adquiridas

 

 

(Elpidio Lamela)

 

Conocemos privaciones,

de distinto tenor y medida.


No podemos medirlo, pero

todos nos privamos de algo

en beneficio de la convivencia.


Sabemos convivir con privaciones,

que aceptamos a sabiendas de que

sin ellas, no sería posible la sana

convivencia.


Todos estamos privándonos de algo

en distinta medida. No somos todos

iguales, por eso necesitamos distintas

privaciones y asumimos la necesidad

como un costo de la sana convivencia.


Quien dice yo no me privo de nada,

o miente, o es neurodivergente: Hay

ciertos límites impuestos por la ley,

y luego otros que emite la conciencia:


La autocensura y la propia represión

del instinto, son mandatos sociales

para sostener la sana convivencia.


Las privaciones son tan diversas

como incontables. Sin embargo, casi

todas tributan a la propia percepción,

privativa de cada individuo, o sujeto,

público o privado.


Yo no tengo casa, pero no lo percibo

como privación porque nunca la tuve:

Es sólo un ejemplo.


Yo no tengo oído absoluto, pero antes

tampoco lo tenía y no lo siento como

una privación en absoluto.


O bien: Yo no tengo vida privada,

y como nunca la tuve, no la conozco

y no me afecta como privación.


Hay muchos más ejemplos, dado que

las privaciones son muchas y diversas

y aumentan en proporción directa con

la evolución de la especie.


Básicamente, las privaciones se dividen

en legítimas e ilegítimas, condiciones,

ambas, temporales:


Nada es para siempre.


 

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