(Serafín Cuesta)
Todo es continuidad
en este punto de la realidad.
El discurso del tiempo no es
más que un discurso
que no precipita en otra cosa.
Continuar era la palabra clave
en el servicio militar: Cuando
pasaba alguna autoridad (todos
lo eran para el soldado recluta)
alguien gritaba ¡Atención!
Y todos nos quedábamos inmóviles,
como en una foto, hasta que el
pasante pronunciaba esa palabra:
Significaba que podíamos seguir
con lo que estábamos haciendo,
aunque no estuviéramos haciendo
nada.
No había mucho para hacer ahí,
más que recibir órdenes, obedecerlas,
cumplirlas o ejecutarlas, en ese orden.
El resto era tiempo libre, se podría decir.
Aunque nadie puede ser libre ahí, se podría
decir: Ni los que obedecen órdenes, ni
quienes las imparten, obedeciendo otras.
Ni adentro, ni afuera de ahí, se podría
decir.
Ahora ya no existe, hace años que no
existe ese servicio obligatorio; era algo
que merecía ser superado, como casi todo.
Pero hay otros servicios, otros discursos
y una continuidad sospechosa que no se sabe
adónde nos precipitará.
Continuar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario