(Horacio Ruminal)
En condiciones naturales
la fe nunca se pierde.
Hay altibajos, claroscuros,
desencantos y epifanías:
Su intensidad conoce esos
vaivenes propios de la vida.
Hay tiempos débiles y fuertes:
La fe provee esta armonía
necesaria para atravesar altibajos,
contratiempos y dificultades.
Ella nos mantiene activos y
presentes: Es un bien, un activo
que conserva su valor, un valor
no enajenable.
Al presente, gozamos de los activos
obtenidos en el pasado: Todo lo que
tenemos proviene del pasado, es decir:
provenimos del pasado, un recurso
esencial para gozar el presente y espera
los frutos del futuro.
El pasado es un recurso renovable
y dinámico: Todo el tiempo producimos
nuestro propio pasado, mientras nuestros
activos crecen o decrecen.
Hay altibajos, claroscuros, condiciones
cambiantes que responden a los vavenes
propios de la vida.
¿Qué es la vida, un frenesí, una ilusión
sonora, una inversión temporal, un bien
durable o un activo reproducible?
Sólo sabemos que surgió del agua,
que es un recurso natural como los árboles,
las plantas, los peces y todos los animales.
El agua no evoluciona, puede evaporarse,
condensarse, congelarse pero sigue siendo
la misma de siempre, a pesar de Heráclito.
Aunque los demás recursos sí: Sólo nosotros
lo sabemos, porque producimos conocimiento
y disponemos de recursos para aumentar la
producción y desarrollar el aprovechamiento
de todos los recursos naturales y los otros.
Contamos con suficientes recursos humanos
para superar nuestra propia condición:
Sería una necedad no reconocer la vida
como un recurso renovable.
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