lunes, 30 de marzo de 2026

El payaso y la muerte

 

 

(Alí Carnazo)

 

Lo peor ya pasó, yosapa,

se dijo a sí mismo

el cadáver del payaso.


Los payasos están de paso,

y no dejan casi nada:


Hacen lo que pueden

para divertir a otros

durante su vida útil.


Se mueven con torpeza

estudiada, procurando ser

graciosos.


Medran con la ingenuidad

de la infancia, que no dura.

Luego pasan y nadie recuerda

sus payasadas.


Algunos se pintan caras tristes,

avizorando, acaso, el futuro que

les espera.


Es difícil que un payaso

vaya a hacer otra cosa, como

boxear, buscar un trabajo digno

de barrendero o administrar una

empresa de seguridad.


Se aferra a la vocación y vive

a su servicio, pase lo que pase.


Para quien no lo entiende, luce

triste la vida del payaso, aunque

tampoco es la única.


Más todo pasa, como las malas

digestiones y los sueños tristes

del payaso.


También las modas pasan,

y hoy casi no quedan payasos

en actividad, ni son necesarios:


Ahora cualquiera hace payasadas,

dice pavadas o emite exabruptos

haciendo gala de su torpeza, 

 

incluso desde los niveles más altos 

de la función pública.  Hay quienes 

lo festejan como si fuera el noble

arte de un payaso verdadero. 



Lo peor ya pasó, suelen repetir 

cada tanto estos payasos impostados 

con una sonrisa de burla.

 

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