viernes, 20 de marzo de 2026

La poesía ¿Un servicio público?

 

 

(Amílcar Ámbanos)

 

La poesía no es un servicio público,

como la luz.


Pero tampoco lo contrario: No se sabe

qué es lo contrario de aquella, aunque

sabemos que lo contrario de la luz es la

oscuridad, como nos fuera revelado.


Valga la salvedad, no se puede leer

a oscuras y no todos tienen luz:

Los servicios públicos tienen un costo

y hay que pagarlo, no todos pueden.


Así funciona el mundo de lo público,

algunos pagan para publicar sus poemas,

otros aceptan pagar un precio por algunos

poemas y compran libros, y otros no:


No todos compran libros, y menos aún

de poemas; hay otras necesidades, y la

mayoría no necesita ningún poema.


Hecha la salvedad, el servicio de la función

poética es abierto y de libre acceso: Todos

podemos incurrir en esa manufactura.


A algunos les sirve creer que cuentan con

un público que espera sus poemas, y eso

los estimula a seguir produciéndo:


La escritura, como la producción, son actos

de fe. Se produce para un mercado imaginario,

tan imaginario como ese lector que, con avidez

espera nuestros poemas.


La fe no es un servicio público, pero puede

servir para convencernos de cualquier cosa

y es de libre acceso.

 

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