(Cósimo Stancatto)
La desocupación avanza,
crece a un ritmo sostenido
impidiendo que la economía
crezca a los valores deseados.
Es una realidad, hay que adaptarse.
Nadie desea desocuparse
del todo definitivamente.
Pero se trata de un flagelo endémico
que heredamos de los primates
ancestrales, de quienes seguimos
descendiendo, mal que nos pese:
Criaturas ociosoas y mal entretenidas,
reacias al sacrificio evolutivo. Hordas
salvajes sin religión ni fe.
¿A quién iban a sacrificar a quién?
¿Para qué, para quién?
No conocían la vocación de servicio
ni reconocían líderazgos positivos.
Eran incapaces de producir sus propios
líderes y terminaron siendo superados,
divididos y dominados.
Todavía portamos esa carga genética
que se refleja en nuestra propensión
al vicio.
Sólo nosotros desarrollamos la adicción
al trabajo.
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