(Horacio Ruminal)
La
infiltración está fuera
de
control, reconocen.
Esta
práctica es antigua, se
especula
que su descubrimiento
se
produjo en las primeras
sociedades
humanas, junto a
los
rudimentos del lenguaje.
Aunque
algunos aventuran
que
lo precedió, y ya existía
cuando
nos comunicábamos
por
señas:
La
lengua hablada, sólo habría
servido
como recurso para
apurar
su desarrollo.
Hoy,
la infiltración es una de las
prácticas
sociales más desarrollada
y
una herramienta esencial para
sostener
el orden institucional,
bajo
cualquier gestión.
Todos
los líderes del mundo
valoran
este recurso, y saben
que
de él depende el ejercicio
de
un liderazgo exitoso.
Más
allá del uso oficial, socialmente
aceptado,
el desarrollo de técnicas y
dispositivos
avanzados, cada vez más
sofisticados,
no sólo ha mejorado la
actividad
productiva optimizando los
sistemas
de control, sino que se ha
expandido
a todos los ámbitos de la
actividad
humana, tanto en la vida
pública
como en la privada.
Infiltrar
es una forma de espiar, es
decir
controlar y obtener información
útil, en
un sentido u otro.
No
conocemos las intenciones del otro,
pero
sabemos que estamos rodeados de
infiltrados
y es mejor tomar precauciones:
Toda
información puede ser peligrosa y
volverse
en nuestra contra.
Hay
que mantenerse informado, y no
compartir
ninguna información que pueda
resultar
sospechosa: No se puede confiar
en
nadie.
Los
infiltrados podrían ser identificados,
pero
no son sólo personas físicas. Nos espían
y
controlan cámaras, algoritmos, aplicaciones
virtuales
y dispositivos tecnológicos que ni
conocemos.
La
infiltración está fuera de control, reconocen
propios
y extraños.
Nadie
puede permanecer ajeno a los sistemas
de
control: Lo más seguro es limitar al mínimo
los
contactos y no emitir más de lo necesario.
Puede
parecer difícil, pero no necesitamos
emitir
mucho: En la intimidad, con todos los
dispositivos
bien apagados, las persianas bajas
y
sin que nadie nos vea, podemos relajarnos:
Gozar a pleno de libertad de expresión
y de pensamiento, y emitir sin límite ni temor
cualquier cosa que no resulte sospechosa.