(Ricardo Mansoler)
Este poema es la secuela
de otro, que ya existe
pero podía ser superado.
Todo lo que existe puede
serlo: Por eso seguimos
escribiendo poemas como
éste, mayormente superables.
Hay otras versiones de ese
otro, que ahora reescribo y
recreo, acaso algunas más
felices que ésta.
Pero nadie tiene por qué saberlo.
No sé cuántas son, ni tampoco
si ésta será la definitiva.
No importa mucho: No hay nada
definitivo en esta acción, ni en las
que concurren en la escritura de
un poema.
Nadie tiene por qué saberlo,
ya es bastante que sepan que es
un poema, aunque no sea más que
una secuela como ésta.
Hay otras versiones y secuelas
que nunca nadie conocerá, y podrían
ser más felices que esta última:
No sé si será la última, nunca se sabe,
pero nadie tiene por qué saberlo.
En ese sentido, el poeta es como un dios
que dispone arbitrariamente lo que va
a quedar, de todo lo que hace, aunque
no sea un poeta, ni se defina como tal.
En eso no hay nada definitivo, las
definiciones son siempre sospechosas
y nadie tiene por qué saberlo.