(Amílcar Ámbanos)
Es para empezar a preocuparse,
pero tampoco tanto, pensaba el
desocupado estructural.
A esta altura, ya podría estar
gozando de una jubilación mínima,
por lo menos. Antigüedad, tengo
de sobra.
Es que no supe invertir el tiempo
durante mi vida útil.
Ahora me sobra el tiempo, y no sé
cómo ocuparlo para no perderlo.
Noto que no lo aprovecho,
ni lo disfruto como antes, cuando
tenía toda una vida útil por delante.
A veces, no sé qué pensar: Es difícil
la vida de un desocupado nativo, que
sólo sabe envejecer.
Si fuera poeta escribiría un poema
o más, para mitigar la falta de utilidad
y evitar los excesos de la mente:
Cuando sobra tiempo, uno no sabe
qué pensar y empieza a pensar cosas
raras.
Pero los poetas son parte de la cultura
y a mi no me inspira la cultura, ni su
falta.
No soy tan ignorante como para creerme
culto: Mi formación incompleta en todo,
me previene; conozco límites.
Mi conocimiento es bastante pobre
y no da para arrojarse al vacío
y mostrar habilidades, como hacen los
que saben.
Nunca fui un intelectual. El que sabe,
puede inspirarse en cualquier cosa
y dar lugar a otra, con algún sentido.
Incluso, inspirarse en lo que le falta:
Tal vez, no haya mucho más que eso.
En mi caso, no creo en la inspiración,
ni en el trabajo y tampoco soy poeta.
Si lo fuera, no perdería el tiempo
pensando en cosas raras.
Ellos tienen una ocupación, aunque no
sea reconocida. Por eso no se jubilan:
Muchos piensan que son vagos e inútiles.
Algo tenemos en común.
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