jueves, 29 de enero de 2026

Algún día llevaremos nuestra basura al desierto, poniéndolo en valor

 

 

(Carlos Inquilino)

 

Es difícil esconderse en el desierto.

No hay rincones, cuevas, árboles

ni abras.


Cavar un pozo de zorro, es inútil

como montar un castillo de arena. 

Ni un zorro lo haría.


No hay escombros, ni basura amontonada,

no hay muros, presenciales ni virtuales

ni fondo de pantalla alternativo.


Esconderse en el desierto es una empresa

vana.


Una vez tuve un sueño clandestino:

Me buscaban todos los servicios

de inteligencia y seguridad del mundo, 

las fuerzas del orden global y natural. 


No tenía claro el motivo, pero sí la culpa:

No podía haber provocado tal despliegue

y no ser culpable (es casi tan difícil como

esconderse en el desierto)


Las calles estaban tomadas por ellos,

dispuestos en forma estratégica y exhibiendo

todo tipo de armas, el resto eran infiltrados.


No había forma de llegar a los lugares

que solía frecuentar, aunque tampoco

era seguro.


Estaba rodeado, bien rodeado en el peor

de los sentidos. Sin escapatoria, no había

mucho que esperar: era cuestión de tiempo:


No había refugio para ponerse a salvo.

¿Dónde podría estar? ¿Adónde estaba?


En la calle estaba, caminando entre ellos

con desaprensión natural, como quien espera

un milagro. Nadie podía sospechar que

estuviera ahí.


Esconderse en el desierto es difícil,

más fácil es pasar desapercibido,

confundiéndose con otros desertores.


 

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