(Aparicio Custom)
Pensar demasiado
es el mayor desperdicio
de energía humana.
Para amar y producir
no se necesita pensar mucho.
Ambas acciones necesitan
y consumen energía:
El consumo es un hecho biológico,
natural y central
para cualquier mortal.
Si lo pensamos bien, ese consumo
es útil porque es necesario:
No importa el orden de los factores,
todos necesitamos amar y producir,
aunque aquellos que aman su trabajo
concentran toda su energía allí, sin
desperdicios.
Todas nuestras emisiones y emociones
consumen energía, y sabemos que no
es ilimitada. Es bueno saber que no es
buena ni mala, sino útil o inútil:
Sólo es útil cuando su consumo cursa
un sentido productivo.
Pensar por pensar, no produce nada,
sólo desarrolla la capacidad de dudar,
descubrir contradicciones, aumentar
la confusión y alimentar capacidades
tan o más dudosas.
Ni pienso, repetía como latiguillo
un amigo, que había leído a todos
los filósofos en su juventud, ese
segmento de la vida donde más tiempo
y energía desperdiciamos.
II
Pensar demasiado es el mayor
desperdicio de energía humana.
Salvo para los profesionales, que
nutren las usinas de pensamiento
a cambio de una remuneración, y
abastecen a nuestros formadores
de opinión.
Ellos cumplen un servicio,
una función social, fuera de eso,
pensar no es vocación ni oficio.
En otros tiempos, existía la figura
del librepensador: Personas ociosas
que disponían su exceso de tiempo
para dilapidar energía y alumbrar
ideas extrañas, tan dudosas como
contraproducentes para el desarrollo
libre de las fuerzas productivas.
Pero todo evolucionó, y eso también
fue superado y está bajo control. Ya no
los hay, ni se habla de librepensadores,
es un anacronismo.
Pensar demasiado,
es el mayor desperdicio de energía
humana. Pensalo, con moderación.
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