(Serafín Cuesta)
Fracasé como prójimo,
era amigable en condiciones
normales, pero no tan accesible:
No compartía algunos códigos,
tengo los míos.
Confundía los términos, las
cláusulas, los tiempos y los
prójimos.
Son muchos, los números copiosos
generan confusión, más aún cuando
no dejan de reproducirse.
La reproducción es un éxito,
nunca dejamos de reproducirnos,
aún en las peores condiciones.
No sabemos para qué, no pensamos,
ya es bastante con reproducir todo
lo que sabemos y el conocimiento
heredado.
Como prójimo, no podría cuestionarlo,
soy parte de todo. Pero ahora no sé,
creo haber fracasado y no presumo
de ser el único:
Confundo al semejante con el prójimo
y viceversa.
Con otros animales no me pasa,
me siento un semejante, aunque
hay cosas que no se comparten:
No se puede compartir todo, cualquier
sujeto lo sabe, aunque no se reconozca
ni autoperciba animal.
Hay quienes celebran el fracaso
del prójimo, entre animales humanos.
Yo no lo celebro, ni celebro las fiestas
patronales, ni las fechas patrias, ni
el aumento de la exportación de carne
Fracasé como prójimo, como sujeto
seguimos participando.
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