(Encarnación Segura)
La cruz es un objeto
que consta de dos listones
de madera de distinta longitud,
ensamblados o clavados
en sentido perpendicular.
Pueden fabricarse con otros
materiales y en distintos tamaños.
Hoy las encontramos de las más
diversas calidades, tamaños y
materia prima, gracias al éxito
obtenido por las primeras cruces.
Aquellas eran pesados maderámenes,
de una envergadura más o menos
proporcional a un cuerpo humano.
Creada hace más de dos mil años
como instrumento de tortura, la cruz
no tardó en ganar popularidad,
gracias a la expansión de la fe,
y del Imperio Romano.
El éxito de las Cruzadas, y las
sucesivas conquistas en nombre
de la cruz, bajo otros imperios,
hizo que aquella cruz primitiva
evolucionara en dijes, ornamentos
y réplicas portátiles para todos los
gustos.
No costó mucho reconvertirla
en mercancía: Un símbolo de
la naturaleza humana, capaz de
popularizar cualquier cosa, con
la ayuda de la fe.
Los instrumentos de tortura, por
su parte, no se quedaron atrás
en la evolución, y hace tiempo
que superaron con amplitud
las prestaciones de la cruz.
Hoy la cruz es cosa del pasado.
Aceptamos que cada uno, carga
con la propia, pero si sabemos
llevarla correctamente, no hay
límites que no podamos cruzar.
Es cuestión de fe.
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