(Epifanio Weber)
No hay nada nuevo bajo el sol.
Esta frase bíblica, atribuída al rey
Salomón en el Eclesiastés, resuena
con renovados ecos y no pierde
vigencia.
Hay distintas interpretaciones, pero
dos razones sostienen su vigencia:
1- Posee la propiedad de adaptarse
a todos los tiempos y facilitar su
reproducción, que es lo que siempre
deseamos a través del tiempo.
(Somos afectos a repetir experiencias,
enseñanzas y material dudoso: Gracias
a la memoria, seguimos repitiendo
estribillos de viejas canciones, para no
olvidar lo que fuimos, o al menos esa
parte que merece recordarse)
2- Las frases que permiten más de una
lectura tienen la capacidad de resistir
los cambios de época, de valores y las
disputas ideológicas que generan.
Más allá de estas consideraciones
opinables, hay algo más en la frase:
Es axiomática, taxativa, no dice nada
nuevo, pero afirma esa falta como algo
indubitable, contradiciendo toda la
estructura lógica del pensamiento
moderno:
Nada cambia, ni pudo cambiar nunca.
Todo lo que hacemos o proyectamos
es pura ilusión, y no podemos hacer
nada, ni cambiarlo.
Sin embargo, nadie parece haberla
tomado demasiado en serio, a pesar
de que mantenga su vigencia: De lo
contrario, nadie haría nada más
y sólo nos quedaría sentarnos
a esperar la muerte.
La realidad no refleja eso, aunque
tampoco es para confiar,y bien
podría ser parte de la ilusión.
Como metáfora no está mal, pero
el mensaje no alimenta el optimismo.
Aunque si la ampliamos un poco
puede aumentar su adaptabilidad
y ofrecer otras opciones:
No hay nada nuevo bajo el sol,
arriba no sabemos.
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