(Armando Armas)
Me atropellé sin querer,
no me vi venir
y cuando quise reaccionar
era tarde: me tenía encima.
Ahora ya no es tarde,
aunque los atropellados suelen
reincidir, casi tanto como los
atropelladores.
Siempre encuentran justificación
o argumentos que los justifiquen.
Existen argumentos disponibles
para todo, de un lado y del otro.
Hay que estar atento
en el tránsito cotidiano,
y más en el urbano para evitar
atropellos indeseables.
Nunca se sabe de dónde pueden
venir. No es cuestión de sabiduría,
sino más bien de intuición, atención
y actitud:
Hay actitudes inconscientes
que predisponen al atropello,
en cualquiera de sus dos versiones
o sentidos.
No quise atropellarme, es cierto,
pero tal vez lo quise.
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